Busca y encontrarás

Cuando mi esposa era pequeña, tenĂ­a una muñeca que siempre perdĂ­a; la familia lo nombrĂł Where-she, por sus llorosos lamentos. SegĂşn ese ejemplo, los viajes de campamento deberĂ­an llamarse Where-car-keys, los viajes al extranjero deberĂ­an llamarse Where-passport y los telĂ©fonos han sido Where-phones desde que dejaron de estar conectados permanentemente a las paredes. Aceptamos que el universo es un caos. En cuanto a mis propias excursiones al aire libre, producen entropĂ­a en tal abundancia que incluso pierdo la lista de cosas que he perdido. Y de camino a casa, esa chaqueta de gamuza que dejĂ© en el aviĂłn …

Es más fácil y menos doloroso contar las epifanĂ­as de encontrar. En un viaje al rĂ­o Ausable, mi reloj estaba en el suelo fangoso debajo de las ramas caĂ­das sobre las que habĂ­a estado caminando antes de caer a travĂ©s de ellas; Desde millas rĂ­o arriba, cuidadosamente volvĂ­ sobre mis pasos y lo encontrĂ©. En el rĂ­o Delaware, mi caña de pescar se encontraba entre las cañas en el banco donde la habĂ­a colocado cuando sacamos las canoas. Encontrarlo, en el crepĂşsculo, cuando casi me habĂ­a rendido hasta que un brillo plateado de fĂ©rula lo traicionĂł, tenĂ­a la calidad de un milagro, como si una caña de repente se convirtiera en una caña de pescar. En Providenyia, Rusia, al otro lado del estrecho de Bering desde Nome, la amable y bien intencionada mujer con la que nos alojábamos habĂ­a guardado una bolsa de nylon negra llena de equipos fotográficos caros. Los fotĂłgrafos, mis compañeros en el viaje, a quienes pertenecĂ­a, no hablaban ruso. SabĂ­a lo suficiente: “ÂżGdye veshchi?” (“ÂżDĂłnde están nuestras cosas?”) – para producir la bolsa y evitar una escena posiblemente incĂłmoda.

Encontrarse con objetos que otros seres humanos han perdido, en situaciones donde el descuido de uno mismo no es un problema, puede ser la alegría más pura. Caminando por un sendero a lo largo del río Pigeon en el norte de Michigan, una vez encontré una punta de flecha. He encontrado varias puntas de flecha y otros objetos indios en mi vida, pero nunca puedo transmitir la dicha que me traen. Ese día estaba pescando, buscando un lugar mejor, cuando de repente vi la punta en forma de hoja de sauce en la arena gris del sendero. Al levantarlo y frotar la arena, se produjo un emocionante golpe mental a través del espacio-tiempo. Cerca de ese mismo río, entre los helechos altos en el suelo de un bosque de pinos, encontré una flecha de caza de aluminio con fletches de plástico y una punta de acero de púas antes afilada que ahora se oxida y desmorona. La punta de piedra se había mantenido mejor.

En el río Delaware, mi caña de pescar se encontraba entre las cañas en el banco donde la había colocado cuando sacamos las canoas. Encontrarlo, en el crepúsculo, cuando casi me había rendido hasta que un brillo plateado de férula lo traicionó, tenía la calidad de un milagro, como si una caña se convirtiera de repente en una caña de pescar.

PodrĂ­a pasar mi vida caminando y buscando cosas. Un museo en las llanuras de Texas (no recuerdo dĂłnde) muestra un espolĂłn perdido por la expediciĂłn de Francisco Coronado (1540-42), que un hombre local habĂ­a encontrado; Me preguntaba si el conquistador al que pertenecĂ­a se dio cuenta de que lo habĂ­a perdido, y si habĂ­a traĂ­do un repuesto. Y si no lo habĂ­a hecho, Âżse preocupĂł por eso, se culpĂł a sĂ­ mismo y pensĂł que debĂ­a estar volviĂ©ndose loco de oro? Si el universo es entropĂ­a, encontrar objetos perdidos restaura un pequeño orden y sugiere un cielo donde se han encontrado todas las ovejas; como en “Busca y encontrarás”. Es por eso que, cuando pierdes todo el efectivo que tĂş y tus amigos han juntado para pagar la guĂ­a de rafting, y eso te ha sido confiado, la actitud adecuada no es la auto-recriminaciĂłn hiperventilada y aterrada en la que caerás. En cambio, ten fe. Debe estar en alguna parte. El conquistador probablemente se molestĂł por el espolĂłn, se culpĂł a sĂ­ mismo, saqueĂł su bolsa de kit de conquistador y decidiĂł que alguien lo habĂ­a robado. Pero la verdad fue revelada a tiempo.

Cuando tenía once años, mi hermano y yo decidimos que sería divertido bucear por la boquilla de plástico rojo de uno de los tubos que nuestra abuela acababa de comprarnos. Esto estaba en Smathers Beach en Key West, un lugar con un fondo más complicado de lo que esperábamos. Nunca lo encontramos, y la abuela recordó esa boquilla de snorkel perdida por el resto de sus días. Será uno de los primeros temas que menciona cuando la conozca al otro lado. Entonces San Pedro nos dirá dónde está ahora, con coordenadas GPS y fotografías.

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