Correr mantuvo a estas hermanas cercanas en sus tiempos más difíciles

Ni siquiera una milla en nuestra carrera, los pantalones cortos de Whitney ya están empapados de un resbalón repentino en el barro. En la hierba alta, es imposible ver en qué caerán realmente nuestros pies, tal vez un montículo esponjoso, un tazón de pudín de barro o un charco negro de profundidad desconocida.

“¬°Lo siento!” me grita, su paso r√°pido a pesar de la horrible pisada, el sol abrasador y el aliento caliente de humedad que se eleva desde el pastoso empapado de ovejas que estamos cortando. “Olvid√© cu√°nto tiempo duraba esta secci√≥n”.

Típico, creo. Nos olvidamos mucho de las partes que apestan.

Puedo decir que mi hermana peque√Īa est√° encantada de mostrar sus senderos locales despu√©s de mudarse a Wanaka, Nueva Zelanda. Es diciembre de 2018, y mi esposo y yo hemos venido a visitarnos como parte de nuestra luna de miel. Pero para llegar a las crestas m√°s esc√©nicas y escarpadas del Wanaka Skyline Traverse de 18 millas, primero tenemos que atravesar este pantano. Al menos lo haremos juntos esta vez, creo.

Vivir en lados opuestos del mundo hace que sea dif√≠cil mantenerse en contacto, y a menudo me preocupo por Whitney. Desde que se mud√≥ al extranjero hace casi seis a√Īos, las llamadas telef√≥nicas son espor√°dicas, y nos vemos en persona solo dos veces al a√Īo en el mejor de los casos. Pero correr ha llegado a servir como una especie de prueba de fuego para la condici√≥n de nuestras vidas internas, ya sea que estemos juntos en el camino o nos demos elogios en Strava desde miles de millas de distancia.

Desde que la pista del distrito se conoci√≥ en mi √ļltimo a√Īo de secundaria, cuando era estudiante de primer a√Īo, sent√≠ el impulso de querer que Whitney disminuya la velocidad para poder seguir el ritmo, al tiempo que tambi√©n quiero que rompa sus propios l√≠mites.

A los 15 y 18 a√Īos, Whitney y yo √©ramos parecidos: dos cabellos de pelo blanco y rubio, dos uniformes morados y dorados, cuatro patas cegadoras por el invierno pasado en el interior. Nuestros zapatos golpearon la pista en sincron√≠a cuando doblamos la esquina en el tramo final del campeonato del distrito de 800 metros. Crecimos mejores amigos, y mudarnos a una peque√Īa ciudad nueva en el oeste de Nebraska el a√Īo anterior hab√≠a consolidado ese v√≠nculo. Pod√≠amos escuchar el crescendo de la multitud de la peque√Īa ciudad mientras nos ve√≠a alejarnos del resto de la manada, hombro con hombro, haciendo zancadas para el tramo final. Al final, mi cuerpo cruz√≥ la l√≠nea una fracci√≥n del ancho de su cuerpo por delante del suyo para el primer lugar. Estoy bastante seguro de que fue intencional por parte de Whitney, porque ella ha estado por delante de m√≠ desde entonces.

Ese oto√Īo me fui a la universidad, pero ambos seguimos corriendo: Whitney incluso m√°s r√°pido en sus √ļltimos a√Īos de secundaria, y yo marcando vueltas por el campus de la Universidad Estatal de Colorado o trotando en las estribaciones. Despu√©s de la escuela secundaria, dejamos de competir, a excepci√≥n de los ocasionales 10K o medio marat√≥n. Ocasionalmente nos pon√≠amos al d√≠a por tel√©fono o por correo electr√≥nico, pero crecimos en diferentes direcciones, eventualmente guardando nuestras cargas m√°s pesadas y los secretos m√°s oscuros para nosotros mismos. Pasar√≠an cinco a√Īos antes de que volvi√©ramos a vivir bajo el mismo techo durante un verano, cuando finalmente sali√≥ todo.


Sentada junto a mí en una banca del parque una tarde de verano en 2004, Whitney me dijo que durante la secundaria y la universidad había estado luchando contra un trastorno alimentario que se arraigó durante la carrera de la secundaria.

Ella hab√≠a venido a vivir conmigo y mis compa√Īeros de cuarto despu√©s de mi √ļltimo a√Īo de universidad en Fort Collins, Colorado, y hab√≠amos estado compartiendo una habitaci√≥n durante algunas semanas. Nos sentamos en City Park, mirando al otro lado del lago, aunque ninguno de nosotros lo estaba viendo. Al principio tuve ganas de golpear a alguien, como si pudiera castigar a quien fuera responsable de arrancarle la inocencia a mi hermana peque√Īa. Pero mientras Whitney hablaba, vi que se hab√≠a estado culpando todo el tiempo. Se sinti√≥ como una traici√≥n: correr, esta cosa que deber√≠a sentirse como libertad, podr√≠a ser parte de algo tan insidioso.

No tenía idea de cómo ayudar. Me estaba preparando para partir por un período de seis meses trabajando en la Antártida, parte de un vago plan para reiniciar mi vida adulta después de cortar los lazos con casi todos mis amigos de la universidad. Caminando a través de mi propio fango de confusión y desamor, me sentí con las manos vacías.

Cada uno de los cinco a√Īos transcurridos desde mi primer a√Īo de universidad, me sumerg√≠ m√°s profundamente en una organizaci√≥n religiosa del campus que finalmente amenaz√≥ con tragarme la vida por completo. Whitney y yo crecimos en un hogar evang√©lico devoto, y hab√≠a buscado un grupo de la iglesia para unirme de inmediato en la universidad, emocionado de hacer nuevos amigos y crecer espiritualmente. Al principio, el grupo se sinti√≥ aceptado y solidario. Apreci√© lo informal que parec√≠a, reunirse en peque√Īos grupos en los hogares de las personas durante la semana y tener servicios informales juntos los s√°bados por la noche. Incluso ten√≠a una banda de rock, algo que no viste en el oeste de Nebraska.

Caminando a través de mi propio fango de confusión y desamor, me sentí con las manos vacías.

Ascend√≠ en el liderazgo dentro del grupo, y gradualmente me pidi√≥ m√°s, y voluntariamente di. M√°s tiempo. M√°s compromiso M√°s lealtad Dej√© de asistir a otros grupos del campus y de hacer triatlones recreativos, y volv√≠ a mis propias aventuras al aire libre. Eventualmente dej√© de salir con otros estudiantes, a menos que estuviera tratando de reclutarlos en el grupo de la iglesia. El compromiso de tiempo se comi√≥ en mis horas de estudio, y mis notas bajaron. Tom√© muy en serio los mensajes de los l√≠deres de la iglesia, para “confiar en Dios para mi trabajo escolar”, sin comprender completamente lo que eso significaba m√°s que dedicar mi tiempo al ministerio en lugar de estudiar. Mis niveles de estr√©s se dispararon. Mientras tanto, las preguntas sobre el dogma del grupo y mi propia fe comenzaron a hervir.

Finalmente me derrumb√©. Hab√≠a estado luchando contra la depresi√≥n y me sent√≠a como un fraude que guiaba a otros mientras mi propia fe se desmoronaba. Con l√°grimas en los ojos, les expliqu√© a los otros l√≠deres de la iglesia por qu√© no me tomar√≠a un descanso por un par de semanas: me iba. Para bien A los 22 a√Īos, reci√©n graduado de la universidad, esto signific√≥ deshacerse de casi todos mis amigos y todo lo dem√°s familiar en mi vida. Tomar un trabajo de conserje en una base de investigaci√≥n ant√°rtica sonaba como la manera perfecta de seguir adelante.

Al abordar el avi√≥n de carga militar a la Ant√°rtida, acog√≠ con satisfacci√≥n la sensaci√≥n de dejar todo atr√°s. Excepto Whitney. Solo unas pocas semanas antes, sentado en el banco del parque, hab√≠a visto que no era el √ļnico que estaba fracturado. Whitney y yo lloramos y nos abrazamos. Parec√≠a que se estaba recuperando, pero me preocupaba si tendr√≠a el apoyo que necesitaba en California durante su √ļltimo a√Īo de universidad. En mi apuro por escapar de mis propios problemas, ¬Ņestaba abandonando a Whitney en su momento de necesidad?


En el gimnasio oscuro y de techo bajo en la estación McMurdo en 2005, puse el pitido del botón para la inclinación de la cinta de correr: arriba, arriba, arriba, mi respiración y mi ritmo cardíaco se dispararon hasta que no pude soportarlo más. , y luego abajo, abajo, abajo otra vez. Desesperado por evitar el aburrimiento, subí y bajé el ritmo, y luego la inclinación hacia arriba y hacia abajo, y luego ambas. Estoy seguro de que estaba volviendo loco a cualquier otra persona en el gimnasio.

Corr√≠ porque apenas pod√≠a abotonarme los jeans, gracias a la comida y cerveza grasienta de la cafeter√≠a, y corr√≠ porque correr era el √ļnico lugar donde ya me sent√≠a como yo.

Mantenerse en contacto con Whitney, o cualquiera, de la Ant√°rtida fue m√°s dif√≠cil de lo que hab√≠a previsto. Seis d√≠as apurados a la semana fregaba duchas, fregaba inodoros y aspiraba pisos. Mi compa√Īera de cuarto trabajaba todas las noches lavando platos, as√≠ que en mis d√≠as libres, cuando esperaba llamar a Whitney o a mis padres, estaba dormida en nuestra peque√Īa habitaci√≥n. Puedo contar con una mano la cantidad de veces que Whitney y yo hablamos por tel√©fono durante los cinco meses y medio que estuve en McMurdo. Un peque√Īo laboratorio de computaci√≥n en el pasillo afuera de la cocina ofrec√≠a un acceso infernalmente lento a Internet, y filas de cocineros, mec√°nicos y operadores de m√°quinas pesadas apiladas all√≠ los fines de semana y despu√©s de los cambios de turno. En las raras ocasiones en que esperaba en la fila, por lo general me encontraba llenando correos electr√≥nicos con observaciones mundanas sobre la vida de la estaci√≥n: vi un ping√ľino. Baj√© con un resfriado.

Golpear tan fuerte como pude me dio una preciosa sensaci√≥n de autonom√≠a que hab√≠a extra√Īado.

Comenc√© a preparar mi ropa de entrenamiento antes de irme a trabajar todas las ma√Īanas, para poder cambiar r√°pida y silenciosamente de mis Carhartts salpicados con cloro a mis pantalones de lana. Si el clima era templado, trotaba por los caminos de tierra volc√°nica y los senderos alrededor de la estaci√≥n. Baj√© por el puerto, donde llegar√≠an el rompehielos y el buque de carga, rode√© la caba√Īa construida por Robert Falcon Scott, o trep√© a la cima de Observation Hill, el mont√≠culo volc√°nico en forma de cono en el borde de la ciudad que estaba cubierto con un monumento a Scott y sus hombres, que perecieron en su viaje de regreso desde el Polo Sur.

Entr√© en una carrera de 9 km organizada por el departamento de recreaci√≥n y me sorprend√≠ corriendo hasta la meta por el primer lugar en la divisi√≥n femenina. Golpear tan fuerte como pude me dio una preciosa sensaci√≥n de autonom√≠a que hab√≠a extra√Īado. En el fondo del planeta, corriendo silenciosamente me susurr√≥: “Todav√≠a eres t√ļ”. Me preguntaba por Whitney, all√° en California, y esperaba que ella tambi√©n se sintiera como ella. Nuestros correos electr√≥nicos dispersos eran t√≠picamente vagos y, lo sab√≠a, probablemente m√°s optimistas que verdaderos, porque escribir las palabras para expresar pensamientos oscuros es como confirmar su verdad. Ninguno de nosotros probablemente estaba listo para eso.


“¬°M√°s despacio, hermana!” Susurr√© con urgencia, refrescando el sitio web del Marat√≥n de Los √Āngeles en mi computadora port√°til. De regreso en Denver en 2007, estaba comenzando una nueva vida despu√©s de la Ant√°rtida. Tambi√©n estaba reconstruyendo lentamente una sensaci√≥n de cercan√≠a con Whitney, que estaba haciendo la transici√≥n de la sart√©n de la universidad al fuego de un trabajo de Hollywood y saliendo en Los √Āngeles. Se inscribi√≥ en el Marat√≥n de Los √Āngeles, y cuando lleg√≥ el d√≠a de la carrera, la segu√≠. Progreso en l√≠nea.

Desde mi regreso de la Antártida, aproveché cada oportunidad para visitar a Whitney. Corrimos a lo largo del arroyo desde su departamento de Culver City hasta la playa, lentamente poniéndonos al día con las noticias de meses. Me preocupaba que ella fuera demasiado buena para defenderse de las figuras manipuladoras de la industria cinematográfica y de los hombres egoístas y graciosos que conoció en línea. Me preguntaba si la dureza que vi en sus pasos de carrera disciplinados se extendió al resto de su vida.

Justo como me hab√≠a dedicado a correr en la Ant√°rtida, sab√≠a que Whitney hab√≠a sido una apasionada de su entrenamiento de marat√≥n. Pero mientras paseaba por mi apartamento de 300 pies cuadrados, comiendo tostadas y refrescando el seguimiento de la carrera, me preocupaba que tal vez no se hubiera cuidado lo suficiente como para presionar tanto. ¬ŅHab√≠a estado comiendo lo suficiente? ¬ŅHab√≠a estado entrenando demasiado duro? ¬ŅEstaba bebiendo suficiente agua? Sus divisiones hab√≠an sido tan r√°pidas.

Mi corazón se hundió cuando pasaron varios minutos más y no apareció ninguna marca de verificación de milla 23 por su nombre.

Sabía que era un día caluroso, y sus millas habían pasado tan rápido. Uno por uno, la vi pasar por los puntos de control, asombrada por su velocidad y deseando que pudiera seguir así. Me sentí dolorosamente lejos.

En la milla 23, los minutos comenzaron a acumularse. Tal vez ella se detuvo para caminar, me dije. Probablemente sea algo bueno. Pero sabía en las células de mi cuerpo, que comparten su ADN, que Whitney no se rendiría.

Mi corazón se hundió cuando pasaron varios minutos más y no apareció ninguna marca de verificación de milla 23 por su nombre. Indefenso por la preocupación, finalmente recibí la noticia aplastante de mis padres por teléfono: Whitney se había derrumbado en el hipódromo. Todavía trotando mientras se acercaba a una estación de ayuda, aparentemente se tambaleó, se balanceó y luego se desplomó sobre la hierba adyacente, desmayándose. Mis ojos se llenaron de lágrimas al pensar en el médico que había estado allí en lugar de mí para recoger su cuerpo helado y sudoroso.

En el transcurso de los siguientes meses, vio a un m√©dico y la examinaron por una posible fractura por estr√©s. Nuestros padres tem√≠an que ella sufriera un problema card√≠aco. Pero hasta el d√≠a de hoy, ella dice que el colapso fue una combinaci√≥n de no comer lo suficiente mientras se empujaba m√°s all√° de la capacidad de su cuerpo; ella no lo acept√≥ hasta que estuvo acostada en la hierba junto al hip√≥dromo, incapaz de recitar su propia direcci√≥n a los extra√Īos acurrucados sobre ella.


Han pasado diez a√Īos desde ese doloroso marat√≥n, pero Whitney y yo seguimos recurriendo a la carrera por sus propiedades calmantes del alma. Siguiendo sus pasos mientras recorremos sus senderos favoritos alrededor de su casa en Nueva Zelanda, estoy feliz de ver que Whitney aprendi√≥ mucho sobre c√≥mo cuidarse en la d√©cada anterior. Cada uno de sus pasos fuertes y seguros en el Skyline Traverse me tranquiliza.

Whitney dej√≥ su trabajo en Hollywood para viajar y trabajar en el extranjero, finalmente se cas√≥ con un hombre australiano y se instal√≥ en Nueva Zelanda. Viv√≠ en una camioneta, viaj√© por el oeste americano durante un a√Īo y medio con mi ahora esposo, y finalmente me instal√© en Denver. Cada uno de nosotros aprendi√≥ a luchar por nuestras propias identidades, y correr ha sido una piedra de toque constante. Antes de cada una de nuestras bodas, planeamos recorridos ambiciosos para pasar tiempo juntos de calidad.

Aparte de mi esposo, solo sigo a una persona en Strava: Whitney. Incluso con nuestros chats y correos electrónicos regulares de Skype, Strava me da la comprensión más visceral de cómo está mi hermana. Cuando puedo ver dónde ha estado corriendo, qué tan lejos, qué tan rápido, con qué frecuencia, me siento conectado con ella. Me consuela simplemente saber que ella está ahí fuera siendo su verdadera personalidad, fuerte y dulce.

Cuando finalmente aparecemos en la cresta sobre Wanaka, ella se√Īala diferentes picos a trav√©s del horizonte con dientes de sierra y se disculpa nuevamente por olvidar lo dif√≠cil que ser√≠a la ganancia de elevaci√≥n de 5,000 pies. Estoy sorprendido, pero no del todo sorprendido, de lo dura que es. Y c√≥mo siempre parecemos olvidar las partes dif√≠ciles para seguir avanzando. Tal vez, a lo largo de todos estos a√Īos, correr simplemente ha estado all√≠ para recordarnos cu√°n fuertes somos en realidad.

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