Héroes de la frontera

Por la tarde, después de haber dormido todo el día, Josie se sintió renacida. Se levantó del futón, sintiéndose inexplicablemente fuerte, y notó que sus hijos no estaban a la vista.

Ella los llamó. Sin respuesta. Ella saltó, con el corazón en la boca. Se imaginó a un par de lobos llevándolos. Ella gritó sus nombres.

“Aqu√≠ afuera”, dijo Paul.

Abrió la puerta para encontrar a Paul y Ana afuera, en el camino de grava, acurrucados alrededor de una masa negra de pelaje.

“¬ŅQue es eso?” Josie rugi√≥. El pelaje tembl√≥ y gimi√≥.

“Es un perro”, dijo Ana, tom√≥ su rostro en sus manos y lo gir√≥ hacia Josie, como para demostrarle la naturaleza de la especie a su madre desconocida.

“Estaba rascando la puerta”, dijo Paul.

Hab√≠an abierto la puerta y el perro hab√≠a entrado r√°pidamente. “No quer√≠amos despertarlo, as√≠ que la trajimos aqu√≠”, dijo Paul. El estaba diciendo la verdad. Era terriblemente considerado. ¬ŅPero de qui√©n era este animal?

“¬ŅTiene un collar?” ella pregunt√≥.

“Solo esto”, dijo Ana, y sac√≥ un collar antipulgas de su cuello. Ana se hab√≠a movido a un lado, revelando la forma completa del perro. Era peque√Īo y negro y parec√≠a un cerdo desnutrido, con cabello corto y orejas triangulares.

“Est√° temblando”, se√Īal√≥ Josie.

“Tiene hambre”, dijo Paul.

“Mantenga las manos alejadas de su boca”, dijo Josie.

“Su boca”, dijo Paul. “Es una chica.”

“Si te muerden, estar√°s en el hospital durante d√≠as”, dijo Josie. “Y no estamos cerca de ning√ļn hospital”.

“¬ŅPodemos alimentarla?” Paul pregunt√≥.

“¬ŅYa la llamaste?” Josie pregunt√≥. “Ana lo hizo”, dijo Paul.

“Sigue”, dijo ella.

“Ese es su nombre: S√≠guenos”, aclar√≥ Paul.

“Porque ella nos sigui√≥”, dijo Ana. El a√Īo pasado ella nombr√≥ un pez Waterlover.

“Pens√© que hab√≠as dicho que rasc√≥ la puerta”, dijo Josie.

Paul, incluso atrapado incluso en las mentiras m√°s blancas, miraba a Josie sin pesta√Īear unos segundos antes de hablar. No se hizo por ning√ļn sentido de estrategia. Era m√°s que fue capturado, habitado por, una especie de esp√≠ritu de verdad que insist√≠a en la revelaci√≥n completa. Respir√≥ hondo y comenz√≥.

‚ÄúSalimos afuera. Solo para obtener algunos palos “, dijo, indicando una peque√Īa pila de palos que, con cinta adhesiva naranja, hab√≠an convertido en espadas. ‚ÄúCuando est√°bamos caminando de regreso, ella comenz√≥ a seguirnos. Cerramos la puerta y ella comenz√≥ a rascarla “.

Paul exhaló en un estallido rápido, como en puntuación y alivio. Estaba feliz de haberlo superado, la verdad no adulterada. Su postura se relajó y se permitió parpadear.

“¬ŅPodemos alimentarlo?” pregunt√≥ de nuevo.


Entonces ten√≠an un perro. Trajeron a Follow al interior, le dieron de comer ensalada y pollo frito viejo, y ella lo devor√≥. Josie sab√≠a qu√© mala idea era alimentar a un callejero como este, pero el animal parec√≠a traumatizado, incapaz de dejar de temblar. Ella evoc√≥ una narraci√≥n por la cual ella era el perro del guardabosques, pero se hab√≠a escapado, y el guardabosque, incapaz de encontrarla, se hab√≠a ido sin ella. Luego hab√≠a regresado para encontrarlo desaparecido, la puerta cerrada, y su peque√Īa persona rodeada por una hilera de carn√≠voros superiores de asesinos, muy feliz de almorzar con su carne vibrante. De alguna manera hab√≠a sobrevivido los d√≠as desde entonces, pero era un desastre de nervios y se estaba muriendo de hambre.

Josie examin√≥ al perro, buscando cortes o pulgas o alg√ļn signo de enfermedad, y descubri√≥ que estaba sorprendentemente limpia para un perro que hab√≠a estado en la naturaleza durante d√≠as o semanas. “Puedes acariciarla”, les dijo a sus hijos, y se sent√≥ en el fut√≥n, mir√°ndolos adular a Follow, mientras el perro se sacud√≠a y com√≠a, y poco despu√©s de comer, se qued√≥ profundamente dormido. Continuaron acariciando su pelaje negro mientras dorm√≠a, mientras respiraba de manera desigual, sus patas traseras golpeaban peri√≥dicamente el suelo.

Josie tuvo la sensaci√≥n de que con Follow se hab√≠an convertido en una especie de familia fronteriza. Rompieron ventanas y alteraron puertas. Tomaron extraviados. Y ni siquiera hab√≠an estado en la caba√Īa una noche. Los ni√Īos no se iban de Follow, as√≠ que se quedaron adentro cuando lleg√≥ la noche, y Josie encendi√≥ una hoguera, y los vientos afuera silbaron con una extra√Īa melod√≠a. El cart√≥n que hab√≠an pegado sobre la ventana de la cocina inhal√≥ y exhal√≥, pero lo sostuvo. Ella trajo a sus hijos con ella debajo de las s√°banas, y durmieron toda la noche, con el brazo de Paul colgando al suelo, donde pod√≠a estar seguro del bienestar de Follow.

Un zumbido la despert√≥. Todav√≠a estaba oscuro, el fuego d√©bil. ¬ŅQui√©n podr√≠a estar llamando? Ni siquiera hab√≠a visto un tel√©fono. Se desliz√≥ de la cama a la cocina, esperando que los ni√Īos durmieran. En la oscuridad, pas√≥ las manos sobre el mostrador y, finalmente, debajo de una pila de mapas, encontr√≥ un tel√©fono fijo. Todav√≠a estaba sonando. Tres anillos, cuatro, cada uno haciendo sonar la cabina. Ella no pudo recogerlo. Finalmente despu√©s de seis anillos, termin√≥.

Paul y Ana seguían dormidos, pero Josie sabía que estaría despierta durante horas. Trajo una silla a la terraza y se sentó, nerviosa, escuchando la noche, buscando posibilidades. Quería creer que la llamada telefónica era aleatoria, o simplemente destinada al guardabosques que vivía allí. Pero luego existía la posibilidad de que fueran los propietarios de Follow. O el servidor de procesos. O la policia.

Nadie nos está buscando, se dijo. Incluso fabricó una burla, para tranquilizarse.

“¬ŅMam√°?”

Era Ana, sola, en el porche. Josie no pod√≠a recordar que Ana saliera sola de la cama. Por lo general, cuando ella se levantaba de la cama despu√©s de horas, era parte de un plan que Paul hab√≠a concebido, un doble ataque destinado a demostrar que el sue√Īo era imposible para todos en la casa. Realmente, sin embargo, significaba que Paul no hab√≠a podido dormir, hab√≠a despertado a Ana y la hab√≠a tra√≠do con √©l. Solo Paul estaba abrumado por las implicaciones cercanas a la muerte del sue√Īo y la invitaci√≥n de la noche a considerar la mortalidad y la insignificancia. Ana era demasiado joven para haber venido a estos lugares.

Estaba de pie en la puerta, su masa de cabello rojo enmara√Īado a un lado, deforme y un desva√≠do tono naranja, como la √ļltima calabaza elegida del parche. Sus manos estaban pegadas a ambos lados del marco de la puerta, como si estuviera sosteniendo los dos lados a raya.

“¬ŅNos quedaremos aqu√≠ ma√Īana?” ella pregunt√≥. “Creo que s√≠. Tal vez por unos d√≠as ‚ÄĚ, dijo Josie.

“¬ŅDe Verdad?” Ana dijo, y su rostro y hombros cayeron en un colapso bellamente coordinado.

Ana tuvo sentimientos similares el invierno pasado, cuando regresaron a la escuela después de las vacaciones.

“¬ŅVoy a la escuela esta semana?” ella hab√≠a preguntado.

“S√≠”, hab√≠a dicho Josie.

“¬ŅY la semana despu√©s de eso?”

“Por supuesto.”

Ana se había quedado asombrada. Las vacaciones de invierno habían traído algo diferente cada día, y ahora, volver a la escuela, donde las cosas no variaban tanto día a día, la ofendía. La naturaleza repetitiva del sistema asaltó su sentido de las posibilidades heroicas de un día.

“Vete a la cama”, dijo Josie, pero en su lugar, Ana se acerc√≥ y se arrastr√≥ sobre su regazo y fingi√≥ chuparse el pulgar.

“No te preocupes, Josie”, dijo Ana. “No se lo dir√© a Paul”. Ahora le dio a Josie una de sus miradas, una mirada conspiradora que dec√≠a que pod√≠an abandonar todas las formalidades y los juegos de roles, el juego tonto de padres e hijos.

“No me gusta que me llames Josie”, dijo Josie.

“Bueno, Mam√°“, Dijo Ana, haciendo que la palabra sonara absurda.

“Vete a la cama”, dijo Josie, empujando a Ana fuera de su regazo. Ana cay√≥ al √°spero porche en un pesado mont√≥n teatral. Se arrastr√≥ de regreso a la casa, y aunque Josie esperaba volver a saber de ella, despu√©s de diez minutos no hab√≠a se√Īales de que Ana estuviera despierta, lo que significaba, para Ana, que generalmente se quedaba dormida en segundos y se quedaba as√≠ hasta la ma√Īana, que estaba realmente dormido

Como en protesta por perder a Ana por las horas oscuras, el aullido de un coyote se extendió en espiral durante la noche.


El timbre de nuevo. Josie abri√≥ los ojos, vio que sus hijos ya estaban despiertos, se acurruc√≥ en Follow mientras com√≠a carne seca, sus peque√Īas mand√≠bulas se rompieron.

“¬ŅQui√©n llama, mam√°?” Paul pregunt√≥.

“N√ļmero equivocado”, dijo.

Josie se dio cuenta de que la presencia de un perro no ayud√≥ a su situaci√≥n. Quer√≠an ser invisibles, pero ¬Ņno exist√≠a la posibilidad de que los propietarios de Follow regresaran por ella? Pens√≥ que quiz√°s Follow pertenec√≠a a otra persona cercana y que, como muchos cachorros, simplemente hab√≠a estado explorando cuando se encontr√≥ con Paul y Ana y los sigui√≥ hasta la puerta de la caba√Īa. Hab√≠a una posibilidad de que los propietarios conocieran al guardabosque, que el perro hab√≠a venido aqu√≠ antes, y estaban llamando para verificar si la hab√≠a visto. O exist√≠a la posibilidad de que fuera simplemente un tel√©fono, que la gente hiciera llamadas, que sonara y que nada de eso tuviera nada que ver con Josie y sus hijos. Pod√≠a desconectar el tel√©fono, pero ¬Ņqu√© pasar√≠a si el guardabosque llam√≥ y descubri√≥ que hab√≠a sido desconectado? Ten√≠a que dejarlo as√≠.

“Vamos a dar un paseo”, dijo, sin decirles a Paul y Ana que cre√≠a que al menos hab√≠a alguna posibilidad de que Follow los llevara a su verdadero propietario y hogar real. Entonces, Josie empac√≥ una mochila con galletas y agua del burbujeador, ataron una cuerda al collar antipulgas de Follow y se abrieron paso a trav√©s de la mina hacia el bosque m√°s all√°. El animal todav√≠a estaba tentativo, caminaba hacia adelante, luego volv√≠a en c√≠rculos hacia los ni√Īos, luego corr√≠a por un hechizo antes de regresar nuevamente. Era una perra profundamente perturbada o no muy brillante.

Cuando llegaron a un grupo de abedules, sin embargo, un sentido de propósito se apoderó del perro, y ella los condujo por una pendiente constante hasta que escucharon el sonido del agua corriendo. Seguir los llevó a un arroyo estrecho que atraviesa un valle apretado y bebió profundamente del agua que corría.

“¬ŅMam√°?” Dijo Paul. “¬ŅDe d√≥nde vienen los idiomas?”

Quer√≠a saber por qu√© hab√≠a italiano e hindi y swahili, y no solo ingl√©s, y por qu√© hablaban ingl√©s, y ¬Ņera el ingl√©s el mejor idioma? Josie hizo una breve pu√Īalada sobre el origen de las lenguas, las vicisitudes de la distancia y el aislamiento en la formaci√≥n de lenguas extranjeras. Explic√≥ que las personas que viven lejos de cualquier otra persona, tal como eran, podr√≠an ser el tipo de personas que crearon su propia lengua. Podr√≠an, dijo, crear sus propias palabras para cualquier cosa, y para demostrarlo, ella levant√≥ una piedra en forma de cabeza de hombre. “Podr√≠a llamar a este tipo de roca tapatok, por ejemplo “, dijo. “Y a partir de entonces todas las personas que vinieron despu√©s de nosotros lo llamar√≠an tapatok. “

Ana recogi√≥ una piedra m√°s redonda. “Yo llamo a esto Pap√°. “

“Pap√° ya es una palabra”, dijo Paul. “¬ŅY por qu√© llamar√≠as a eso pap√°?” Su estado de √°nimo se oscureci√≥ y Ana tom√≥ nota. Paul baj√≥ al agua para acariciar a Follow, llev√°ndola a su peque√Īo regazo. Ana lo sigui√≥, luego fue distra√≠da por algo m√°s, con la cabeza inclinada. Dio unos pasos hacia adelante, se meti√≥ en un ramo de flores silvestres, dej√≥ caer la roca y se√Īal√≥ hacia arriba.

“Cascada.”

Allí, atravesando el acantilado sobre ellos, había un penacho blanco estrecho que caía a cincuenta pies de altura. Todos acordaron sin palabras caminar hasta la cascada. Cuando se acercaron, el volumen era mucho mayor de lo que parecía en el camino. Por un momento, el agua que caía parecía completamente sensible, cayendo con alegre agresión a la tierra, rencorosamente suicida. El rocío los alcanzó primero, y se detuvieron, se sentaron y observaron los dedos blancos y fantasmales de la cascada. En el muro de niebla, los arcoiris se dispararon como pájaros que vuelan. Seguir mantuvo su distancia.

Josie se dirigi√≥ a la cascada, pisando las piedras mojadas, tratando de encontrar una manera de no empaparse, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, puso su mano debajo de la corriente, sintiendo su fuerza y ‚Äč‚Äčsu fr√≠o entumecedor.

“¬ŅPodemos beberlo?” Paul pregunt√≥.

El instinto de Josie era decir que no, por supuesto que no, pero ya el bosque la había calmado, la había abierto, por lo que hizo algo que quería hacer, pero que normalmente no hubiera hecho. Sacó su termo de la mochila, lo vació y luego lo sostuvo bajo la prisa. Inmediatamente su mano quedó empapada, su brazo estaba mojado hasta el hombro y la botella estaba llena.

Se volvió hacia Paul y Ana, al ver sus rostros asombrados, y levantó la botella hacia el sol y el cielo para ver si estaba despejado. Josie y sus hijos vieron lo mismo, que el agua era perfectamente transparente. No había partículas, ni arena, ni suciedad, nada. Josie se lo llevó a los labios y Paul respiró hondo.

“¬ŅEsta bien?” Paul pregunt√≥.

“Est√° bien”, dijo, y se lo dio.

Tom√≥ un sorbo y se chasque√≥ los labios. √Čl asinti√≥ y se lo entreg√≥ a Ana, quien bebi√≥ sin precauci√≥n. Despu√©s de que ella se llen√≥, Paul pregunt√≥: “¬ŅSomos los primeros en beber de esto?” Se refer√≠a a la cascada, pero Josie se tom√≥ un poco de libertad con su interpretaci√≥n. ¬ŅEsta agua que fluye en este momento? S√≠, fueron los primeros.

Los d√≠as eran as√≠, cada uno ten√≠a millas de largo y no ten√≠a objetivo ni posibilidad de arrepentimiento. Comieron cuando ten√≠an hambre y durmieron cuando estaban cansados, y no ten√≠an d√≥nde estar. Cada pocos d√≠as Ana preguntaba: “¬ŅEstamos viviendo aqu√≠?” o “¬ŅVamos a la escuela aqu√≠?” pero por lo dem√°s, ambos ni√Īos parec√≠an sentir que su tiempo en la cabina era una especie de respiro, aparte de cualquier calendario, de que no hab√≠a un final inevitable. Por las ma√Īanas, Paul y Ana dibujaban y jugaban juegos de mesa y cartas, y cerca del mediod√≠a caminaron hacia la cascada para chapotear en las aguas poco profundas. Ahora estaban en el bosque, y el bosque era inquebrantable. Ana actu√≥ noblemente y su rostro brill√≥ con un resplandor de otro mundo. Josie se dio cuenta de que los ni√Īos son realmente como animales. Dales alimentos limpios, agua y aire fresco, y sus abrigos estar√°n brillantes, sus dientes blancos, sus m√ļsculos flexibles y su piel brillante. Pero en el interior, contenidos, se volver√°n sarnosos, de ojos amarillos, plagados de heridas autoinfligidas.

En esos largos d√≠as en la mina Peterssen, Paul y Ana hicieron arcos con palos doblados y gomas el√°sticas. Crearon y destruyeron represas en el r√≠o, apilaron rocas para hacer paredes y castillos de roca. Leen a la luz de las velas. Josie le ense√Ī√≥ a Paul c√≥mo encender un fuego en el hogar. Durmieron la siesta algunas tardes, y otras tardes exploraron los edificios de la antigua mina, el sol del mediod√≠a atravesaba los techos porosos con pernos blancos, docenas de peque√Īos focos que iluminaban el polvo y el √≥xido y las herramientas que no se hab√≠an mantenido durante cien a√Īos.

Hubo cien horas sin complicaciones en cada d√≠a y no vieron un alma durante semanas. ¬ŅFueron semanas? Ya no ten√≠an una idea del calendario. Durante el d√≠a todo estaba en silencio excepto por el grito ocasional de un p√°jaro, como un vecino loco; Por la noche, el aire estaba lleno de ranas, grillos y coyotes. Paul y Ana dorm√≠an profundamente y Josie se cern√≠a sobre ellos, como una fr√≠a nube nocturna sobre hileras de colinas calentadas todo el d√≠a al sol.

Crec√≠an de maneras hermosas, se independizaron y olvidaron todas las preocupaciones materiales, estaban despiertos a la luz y a la tierra, y se preocupaban m√°s por el movimiento del r√≠o que cualquier objeto comprable o chisme escolar. Estaba orgullosa de ellos, de sus almas purificadoras, de la forma en que no le preguntaban nada ahora, dorm√≠an toda la noche y saboreaban las tareas dom√©sticas, les gustaba lavar su ropa, y ahora eran inconmensurablemente mejores que en Ohio. . Eran m√°s fuertes, m√°s inteligentes, m√°s morales, √©ticos, l√≥gicos, considerados y valientes. Y esto era, Josie se dio cuenta, lo que m√°s quer√≠a de sus hijos: quer√≠a que fueran valientes. Ella sab√≠a que ser√≠an amables. Paul naci√≥ de esa manera y se asegurar√≠a de que Ana fuera amable, ¬°pero para ser valiente! Ana era intr√≠nsecamente valiente, pero Paul estaba aprendiendo esto. Ya no ten√≠a miedo a la oscuridad, se zambull√≠a en cualquier bosque con o sin luz. Un d√≠a, en su camino de regreso del bosque, los atrap√≥ a los dos en la ladera cerca de la caba√Īa, ambos descalzos, callando suavemente a trav√©s de las hojas poco profundas con sus arcos, observando algo invisible para ella. Se gir√≥, examin√≥ el bosque y finalmente lo vio, un d√≥lar de diez puntos, caminando a trav√©s de los abedules, con la espalda recta y orgullosa. Sus hijos lo reflejaban al otro lado de la colina, sin que los ciervos lo oyeran. Se hab√≠an convertido en algo completamente diferente.

Todo el tiempo hab√≠a estado buscando coraje y pureza en la gente de Alaska. No hab√≠a pensado que podr√≠a simplemente, no simplemente, no, pero a√ļn as√≠, crear tales personas.

Desde Héroes de la frontera por Dave Eggers, de Alfred A. Knopf, el 26 de julio de 2016. Se puede pedir en IndieBound, iBooks, Amazon, Books-A-Million y Barnes & Noble.