Isla de las olas infinitas y vacías

Estoy bastante seguro de que vamos en c√≠rculos. La visibilidad es de 40 pies, y una espesa niebla gris se cierne sobre el Oc√©ano Pac√≠fico mientras nuestras tablas de remo separan la niebla espeluznante. Estamos en alg√ļn lugar entre las estribaciones monta√Īosas y escarpadas del continente mexicano y las Islas de Todos Santos, un par desolado de islas a ocho millas de la costa del norte de Baja California. “Ese es el mismo punto por el que acabamos de remar”, dice Jack Bark.

Pensamos que esto ser√≠a f√°cil: el d√≠a anterior, Bark, Dave Boehne y yo condujimos 170 millas desde Dana Point, California, hasta La Bufadora, M√©xico, cargamos nuestras tablas de paddle con todo lo que pod√≠amos llevar: tablas cortas para surfear, sacos de dormir, carpas , comida y nos dirigimos a trav√©s de la bah√≠a a Todos Santos para pasar un largo fin de semana de verano. La corteza est√° en una tabla de paddle tradicional propensa, remada a mano desde las rodillas o mientras est√° acostada; Boehne y yo estamos en SUP. ¬ŅPor qu√© venir todo este camino? Porque mientras que los surfistas de toda la vida como Bark, de 21 a√Īos, y Boehne, de 39 a√Īos, todav√≠a se reman en alineaciones llenas de gente cerca de sus hogares en el √°rea de Los √Āngeles, el problema de la poblaci√≥n del deporte les inculca un esp√≠ritu com√ļn: la b√ļsqueda del vac√≠o.

Todos Santos (las islas, no la ciudad tur√≠stica m√°s al sur) est√° pr√°cticamente desierta, a pesar de que tiene una historia hist√≥rica de surf. La masa continental del sur est√° rodeada de olas sin nombre, pero la isla norte√Īa hizo famosos a Todos Santos. Ah√≠ es donde encontrar√°s Killers, una gran ola que sigue siendo un campo de pruebas mientras los valientes surfistas cargan a gigantes de 40 pies cada invierno.

Mientras Killers inspira asombro, el verdadero regalo geol√≥gico de las islas para los surfistas es la exposici√≥n. Los puntos de tierra se enfrentan a las olas del Pac√≠fico sin grav√°menes durante todo el a√Īo. En invierno, olas masivas golpean desde el oeste y el noroeste; en verano, los descansos poco conocidos que son mucho menos peligrosos pero de igual calidad se disparan durante las marejadas del hemisferio sur.

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Pero primero tenemos que llegar a ellos. Cinco horas después, todavía estamos en nuestras tablas en aguas abiertas sin tener idea de dónde estamos.

“Alguien tiene que hacerse cargo”, grita Boehne, su comportamiento generalmente tranquilo, ligeramente roto por la frustraci√≥n de remar a ciegas en la niebla. Bark, que tiene el pelo rubio y el f√≠sico tonificado de un corredor de fondo, me mira decepcionado: “¬ŅAlguien tiene un mapa?”


No tenemos un mapa. O una br√ļjula. O incluso un GPS. El sistema de navegaci√≥n se dej√≥ en la camioneta durante el ajetreo para manipular nuestras tablas esa ma√Īana, en medio de la bruma de una resaca: nos hab√≠amos envuelto demasiado la noche anterior en el tequileria local, celebrando nuestra llegada. Hemos estado planeando el viaje desde el invierno pasado, cuando Boehne me lo lanz√≥ sobre cervezas en un bar lleno de gente en la Pacific Coast Highway cerca de Dana Point. Creci√≥ visitando Todos Santos con su familia, que fue al campamento y a surfear olas. Sus padres, Steve y Barrie, son ex campeones mundiales de surf en t√°ndem, un arte en gran parte olvidado de los levantamientos y poses, como el patinaje art√≠stico sobre surf. Comenzaron Infinity Surfboards en 1970 y sol√≠an cargar su catamar√°n y llevar a todos a Todos Santos para d√≠as de surf y explorar la costa rocosa.


Mientras tanto, Bark creci√≥ en Torrance, un suburbio de Los √Āngeles, barriendo los pisos de la sala de modelado en la sede de Bark Paddleboards. Su padre, Joe, ha producido miles de tablas de surf, pistolas de olas grandes, SUP y tablas propensas, desde que fund√≥ el negocio en 1982. Steve Boehne y Joe Bark fueron de los primeros en comenzar a fabricar SUP, alrededor de 2005, y Joe es uno de los pocos que todav√≠a forman tablas propensas.

Tanto Jack como Dave son talentosos atletas oceánicos, por lo que en lugar de un velero, panga o cualquier cosa remotamente conveniente, decidimos transportar nuestro equipo sobre el océano abierto en tablas de remo, que luego podríamos usar para explorar y surfear una vez que llegamos a las islas.

Alrededor de 12 pies de largo, la tabla propensa a mano es más antigua que el surf americano. Tom Blake, acreditado con el desarrollo de la cultura del surf de California, revitalizó el oscuro tablero de olo hawaiano a fines de la década de 1920, construyendo su versión hueca de secoya y promocionándola como una herramienta de salvavidas. Si bien las tablas se mantuvieron algo populares en Australia y a lo largo de la costa este, en California se limitaron a algunas carreras, como la Competencia Internacional de Paddleboard (ahora llamada Catalina Classic), desde la Isla Catalina hasta el continente.

Luego vino la popularidad del stand-paddleboard, acreditado a su adopci√≥n por Laird Hamilton a principios de la d√©cada de 2000. Alrededor de 2010, el remo propenso experiment√≥ un resurgimiento cuando los atletas como Jamie Mitchell, que gan√≥ diez t√≠tulos consecutivos de Molokai-2-Oahu, y los j√≥venes remeros como Bark y Jordan Mercer de Queensland, que ganaron m√ļltiples carreras de Molokai, le dieron al deporte una nueva vida. . “El auge del remo de pie ha devuelto mucha visibilidad a las tablas propensas”, dice Bark. Muchos de los SUP de hoy toman prestados rasgos de dise√Īos tradicionales propensos: l√≠neas ferroviarias, narices de desplazamiento, cubiertas abovedadas.

Bark y Boehne se han llevado al negocio familiar. Cuando no est√° en clases de ciencias ambientales en la Universidad Estatal de California en Dom√≠nguez Hills, Bark trabaja junto a su padre para completar pedidos personalizados de la junta y administra las cuentas de redes sociales de la marca. Boehne creci√≥ haciendo casi todo en Infinity, desde contestar tel√©fonos hasta dise√Īo de placas y marketing. ‚ÄúYo formo tablas. Jack da forma a las tablas ‚ÄĚ, dice Boehne. “Montar nuestras bicicletas sobre la colina durante el almuerzo para ver las olas fue una gran parte de los planes de negocios de ambas familias”.


Despu√©s de dar vueltas durante horas, discutiendo en qu√© direcci√≥n se mueve el oleaje, finalmente escuchamos el agua del oc√©ano golpeando la costa a trav√©s de la densa niebla y el remo hasta llegar a tierra. Dejamos nuestro equipo en el lado protegido de la isla norte y en el campamento sobre una peque√Īa cala. Preparo un peque√Īo fuego para hacer tacos mientras Bark y Boehne beben Tecates calientes y devoran tortillas.

Con nuestros niveles de az√ļcar en la sangre de nuevo, pasamos los pr√≥ximos tres d√≠as explorando las islas. Nos abrimos paso a trav√©s de las rocas en nuestras tablas, recorriendo cuevas escondidas escondidas en calas v√≠rgenes donde las focas elefantes sorprendidas ladran ruidosamente mientras remamos, cayendo hacia el agua en p√°nico. “Espera”, dice Bark. “Quiero saltar de esa cueva”. Se√Īala un peque√Īo rinc√≥n a 20 pies del agua, trepa r√°pidamente por la ladera cubierta de pedruscos y se lanza al agua salada profunda.

Peinamos el punto rocoso donde los Asesinos terminan en el invierno, y miles de gaviotas intentan desmembrarnos por andar entre sus nidos. En la maleza, encontramos un tablero de corteza roto, un remanente maltratado de inviernos pesados. “Fue uno de mis amigos”, dice Bark, reconociendo el dise√Īo naranja y rojo. El amigo de Bark lo naveg√≥ aqu√≠ dos a√Īos antes, lo destruy√≥ en una ola excepcionalmente grande y transmiti√≥ la historia que desaf√≠a a la muerte a su regreso.

El surf que montamos no es tan grande (las olas rara vez alcanzan los siete pies), pero es En todas partes. De nuestras tres opciones, la ruptura en el canal del punto norte de la isla sur tiene la mejor forma. El viento es nulo y el agua es cristalina. Parece que el pico deber√≠a ser una izquierda, solo la izquierda engorda; el derecho gira hacia la punta y culmina atronador en el interior. Bark rema hasta la primera ola en su shortboard y hace un buen giro superior. “Esto es muy malo”, dice, remando de regreso a nuestra alineaci√≥n solitaria.

Boehne es todo estilo. Su piel y cabello bronceados trabajan juntos para resaltar su sonrisa blanca. “Esto es lo que buscamos”, dice cuando entran las olas. Se quita, pasa por encima de su tabla, baja su centro de gravedad en una postura compacta y se enrolla para golpear el labio. Pero la ola se disipa y vuelve a tallar con la derecha hacia la pila blanca, rompiendo la parte superior en el rebote. Regresa a nuestra alineaci√≥n de tres cuando Bark despega en la pr√≥xima ola. “Un poco por encima en los sets y sin nadie alrededor”, dice Boehne. “No creo que nadie en el mundo se queje de eso”.

Joe Carberry es el editor fundador de Revista SUP y un columnista para Deportes Ilustrados. Esta es su primera Fuera de característica.