La ciudad maldita y enterrada que nunca verá la luz del día

Hace treinta y tres a√Īos, Peter Brosnan escuch√≥ una historia que parec√≠a demasiado loca para ser verdad: enterrado en alg√ļn lugar de la escarpada costa central de California, debajo de acres de dunas de arena, se encuentran los restos de una ciudad perdida. Seg√ļn su amigo en la escuela de cine de la Universidad de Nueva York, los restos de un enorme templo egipcio, una docena de esfinges de yeso, ocho leones gigantescos y cuatro estatuas de 40 toneladas de Rams√©s II fueron supuestamente sepultados en las arenas de 150 millas al norte. de los angeles.

“Fue una historia absolutamente cockamamie”, dice Brosnan. “Pens√© que estaba loco”. Las ruinas no eran aut√©nticas egipcias, por supuesto. Eran los restos de 60 a√Īos de un enorme set de Hollywood, el m√°s grande y caro que se haya construido en ese momento. El falso paisaje egipcio hab√≠a desempe√Īado el papel de la Ciudad del Fara√≥n en una de las primeras epopeyas verdaderas de Hollywood, la pel√≠cula de 1923 de Cecil B DeMille. Los diez Mandamientos. El conjunto hab√≠a requerido m√°s de 1,500 carpinteros para construir y utiliz√≥ m√°s de 25,000 libras de clavos. La producci√≥n casi arruin√≥ a DeMille y su estudio. Cuando termin√≥ el rodaje, el director tempestuoso supuestamente at√≥ la dinamita a las estructuras y arras√≥ todo el set, enterr√°ndolo en las arenas cerca de Guadalupe, California, para asegurarse de que ning√ļn director rival pudiera beneficiarse de su visi√≥n.

“Si dentro de 1000 a√Īos los arque√≥logos cavan debajo de las arenas de Guadalupe”, brome√≥ el director, “espero que no se apresuren a imprimir con la sorprendente noticia de que la civilizaci√≥n egipcia … se extendi√≥ hasta la costa del Pac√≠fico”.

Mierda, pens√≥ Brosnan. Pero luego su amigo le se√Īal√≥ una l√≠nea en la autobiograf√≠a publicada p√≥stumamente de DeMille. “Si dentro de 1000 a√Īos los arque√≥logos cavan debajo de las arenas de Guadalupe”, brome√≥ el director, “espero que no se apresuren a imprimir con la sorprendente noticia de que la civilizaci√≥n egipcia … se extendi√≥ hasta la costa del Pac√≠fico”.

En 1982, Brosnan se había graduado de la escuela de cine y se ganaba la vida como periodista independiente, pero no podía sacudir la historia de su amigo. El estudiante de cine en él estaba encantado con la idea de descubrir y preservar un poco de la historia olvidada de Hollywood. Ese verano, Brosnan y su amigo condujeron por todo el país, desde la ciudad de Nueva York hasta un tramo de costa cerca de Santa Bárbara, para ver las ruinas por sí mismos. Todo el asunto, pensó, sería un documental infernal.

“√Čramos j√≥venes, aspirantes a cineastas, y pens√© que esto era dorado”, dice Brosnan hoy. “Encontraremos algunos arque√≥logos, encontraremos el conjunto, lo desenterraremos”. La historia se escribe sola.


La ciudad del faraón no era tanto un set de película como un monumento al hombre que la construyó. DeMille ya era una gran estrella en los primeros días de Hollywood, pero en 1922 se estaba recuperando de una racha de fracasos críticos. Se había ganado una reputación por su sentido del espectáculo en películas como Joan la mujer y Hombre y mujery Los diez Mandamientos iba a ser su regreso.

La entrega del √©xito de taquilla de DeMille significaba desplegar una lluvia de efectos especiales, al menos seg√ļn los est√°ndares del d√≠a. En 1923, el dise√Īo del set era la √ļnica forma de transportar visualmente a los espectadores al Sina√≠ en tiempos de Mois√©s. El “desierto” que DeMille eligi√≥ para que sus israelitas deambularan, aunque ciertamente era m√°s conveniente que filmar en Egipto, presentaba una pesadilla log√≠stica. No hab√≠a ciudades cercanas, ni caminos pavimentados, ni un lugar para su elenco de miles. Los 22,000 acres de dunas de arena que separaban la peque√Īa ciudad agr√≠cola de Guadalupe del Oc√©ano Pac√≠fico eran duras y desoladas. La arena de grano afilado que le da al viento su aguij√≥n adicional carece de nutrientes y, combinada con los constantes aerosoles de sal del mar, hace que la vida sea una rareza en las dunas. Para DeMille, fue perfecto.

La esfinge en el set en 1923.

“Su piel se cocinar√° cruda”, dijo DeMille a su ej√©rcito de 3.500 actores y extras, seg√ļn un Los Angeles Times reportero en la escena. ‚ÄúExtra√Īar√°s las comodidades del hogar. Se le pedir√° que aguante quiz√°s el lugar m√°s desagradable de la historia del cine. Espero de ti tus esfuerzos supremos.

Los costos aumentaron incluso antes de que DeMille llegara a Guadalupe para comenzar a disparar. Los gastos de preproducci√≥n ya se acercaban a los $ 700,000, una suma astron√≥mica en los primeros d√≠as de Hollywood. Se usaron m√°s de un mill√≥n de libras de estatuas, concreto y yeso para construir el templo de 120 pies de alto y 800 pies de largo y las estructuras circundantes, y se esculpieron y cargaron esfinges de yeso enteras en camiones con destino a las dunas. Todos los d√≠as en el lugar significaban alimentar y alojar a los miles de trabajadores y animales. DeMille llev√≥ a su equipo de construcci√≥n a trabajar m√°s r√°pido. Paramount Studios, el patrocinador de la pel√≠cula, comenz√≥ a enviar a DeMille cartas cada vez m√°s desesperadas exigi√©ndole que redujera los costos. Un recibo, por $ 3,000 gastados en un “magn√≠fico equipo de caballos” para el fara√≥n, llev√≥ al estudio al l√≠mite, seg√ļn Sumiko Higashi, profesora em√©rita de The College at Brockport, SUNY, y autora de Cecil B. DeMille y la cultura estadounidense: la era silenciosa, Una biograf√≠a de DeMille.

“Has perdido la cabeza”, telegrafi√≥ Adolph Zukor, fundador de Paramount Pictures. “Deja de filmar y regresa a Los √Āngeles de inmediato”. DeMille se neg√≥. Pidi√≥ un pr√©stamo personal y renunci√≥ a su porcentaje garantizado del bruto de la pel√≠cula para garantizar que la producci√≥n continuara. “No puedo y no har√© fotos con un criterio”, dijo por cable al estudio. “¬ŅQu√© quieren que haga?” se rumoreaba que hab√≠a dicho, seg√ļn Higashi. “Detente ahora y su√©ltalo como Los cinco mandamientos?

A pesar de las advertencias, DeMille sigui√≥ adelante. Las cornetas sonaban todas las ma√Īanas a las 4:30 a.m. para despertar a los 5,000 trabajadores y actores que poblaban la ciudad carpa de 24 millas cuadradas que hab√≠a construido en las dunas. (Se gan√≥ el sobrenombre de Ciudad de DeMille.) Sus trabajadores levantaron la Gran Puerta de 109 pies de alto ‚ÄĒun arco cubierto de intrincados bustos de sementales de cr√≠a‚ÄĒ y la reforzaron con dos estatuas de arcilla y yeso de 35 pies de alto. el fara√≥n. Erigieron una “muralla de la ciudad”, construida a 750 pies de largo porque DeMille se neg√≥ a trabajar con fondos pintados o limitar sus opciones cinematogr√°ficas. Cinco esfinges gigantescas, que pesaban m√°s de cinco toneladas cada una, alineaban la entrada a la ciudad egipcia de Ersatz.

La filmaci√≥n se realiz√≥ a un ritmo vertiginoso y se condens√≥ en solo tres semanas, seg√ļn la biograf√≠a de Scott Eyman, Empire of Dreams: The Epic Life of Cecil B. DeMille. Pero incluso con el √Čxodo en la lata, surgi√≥ un problema m√°s. Seg√ļn un acuerdo previo con los terratenientes, el conjunto monumental de DeMille tuvo que ser desmantelado antes de irse. Los costos de producci√≥n ya se hab√≠an disparado a m√°s de $ 1.4 millones, m√°s que cualquier otra pel√≠cula realizada anteriormente. DeMille consider√≥ renunciar al acuerdo, dice Brosnan, pero probablemente se preocup√≥ por otro problema: si se va de la ciudad, los directores rivales de otros estudios podr√≠an caer f√°cilmente en Guadalupe y producir una epopeya barata. DeMille no tendr√≠a eso. En lugar de pagarles a los trabajadores para que derriben el set, se decidi√≥ por un m√©todo m√°s r√°pido. Supuestamente, la dinamita estaba atada al gran templo que hab√≠a construido, y la ciudad del fara√≥n fue derribada. Seg√ļn la leyenda, orden√≥ a las excavadoras que amontonaran arena sobre los restos dispersos y r√°pidamente abandon√≥ la ciudad.


Sesenta a√Īos despu√©s, en 1983, Brosnan lleg√≥ a las dunas como los Ni√Īos de Israel antes que √©l, completamente perdido. Sab√≠a que el set estaba enterrado en alguna parte, pero las dunas se extend√≠an casi 30 millas, a trav√©s de dos condados. En busca de pistas, llam√≥ a la base de la Fuerza A√©rea que ocupaba gran parte de la costa. (“Se√Īor”, dice que el sargento en el otro extremo de la l√≠nea le dijo: “No hay ninguna ciudad egipcia enterrada en la Base de la Fuerza A√©rea Vandenberg”). Persegu√≠a las bibliotecas locales. Acosaba a los pol√≠ticos municipales. Nadie podr√≠a proporcionar pistas sobre la ubicaci√≥n exacta del conjunto.

Luego se top√≥ con una vieja mano de rancho en una taberna local que hab√≠a corrido ganado por las dunas durante d√©cadas. En una ma√Īana fr√≠a y oscura, despu√©s de que una tormenta salvaje hubiera reorganizado la topograf√≠a de las dunas, Brosnan y el ranchero caminaron por el mar de picos de cien pies de alto, avanzando una milla hacia las olas del Pac√≠fico. Finalmente, vieron lo que los lugare√Īos llamaban “la duna que nunca se mueve”, la tumba arenosa que cubr√≠a el conjunto de DeMille, y vieron un trozo de estatuas de yeso de Par√≠s asomando.

La esfinge antes de la excavación.

El descubrimiento fue noticia en todo el mundo y Brosnan recibi√≥ llamadas de Los New York Times, NBC Nightly Newsy Personas revista. Su idea documental, que hab√≠a parecido una maravilla unos meses antes, parec√≠a prometedora. Y su argumento: que la ciudad perdida es el set de Hollywood m√°s antiguo que queda; que los accesorios de los brotes m√°s modernos ya se han conservado para la posteridad; ese dise√Īo inicial fue, en cierto sentido, una forma de arte estadounidense: toc√≥ una fibra sensible en la industria. Brosnan llam√≥ tentativamente a su proyecto documental La ciudad perdida.

Charlton Heston, protagonista de la nueva versi√≥n de la pel√≠cula de DeMille en 1956, deseaba p√ļblicamente el proyecto, y los arque√≥logos locales ofrecieron su tiempo para ayudar en la excavaci√≥n. Un curador del Smithsonian expres√≥ inter√©s en adquirir algunas piezas, una vez que la excavaci√≥n termin√≥. Las promesas de financiaci√≥n llegaron de Paramount Pictures y Bank of America. Brosnan se mud√≥ a Hollywood con la intenci√≥n de seguir una carrera en el negocio. Pero primero, tuvo que comenzar a cavar.

“Esta ser√° una exploraci√≥n cient√≠fica realizada por personal altamente capacitado”, dijo un arque√≥logo educado en Cambridge que se inscribi√≥ en 1983. “No es un caso de simplemente desenterrar cosas como las papas. Y si nos tomamos en serio la documentaci√≥n del historial de pel√≠culas, hag√°moslo correctamente “.

Excavando la ciudad del faraón.

La excavaci√≥n y el documental progresaron, pero Brosnan enfrent√≥ constantemente dos problemas: financiaci√≥n y permisos. Cuando tuvo el dinero, el condado no le permiti√≥ tocar el √°rea ambientalmente sensible. (El chorlito nevado occidental, una especie protegida por el gobierno federal que anida a lo largo de la costa de California, mantiene las dunas fuera del alcance de las personas durante la mitad del a√Īo durante la temporada de reproducci√≥n). Para cuando obtuvo permiso para cavar, siete a√Īos despu√©s, los fondos se hab√≠an agotado. En 1990, varias organizaciones, incluyendo el Smithsonian y el DeMille Family Trust, acordaron financiar parcialmente el proyecto, y Brosnan y un arque√≥logo utilizaron un radar de penetraci√≥n para demostrar que gran parte del conjunto permaneci√≥ intacto. Pero no pudo recaudar suficiente dinero para excavar las ruinas reales. Necesitaba $ 175,000 para una excavaci√≥n arqueol√≥gica para recuperar reliquias falsas de 60 a√Īos. “No vemos esto como un Egipto falso”, dijo Brosnan a un periodista en ese momento. “Vemos esto como una verdadera historia del cine”.

Pero a mediados de la d√©cada de 1990, Brosnan hab√≠a estado trabajando en el negocio del cine durante una d√©cada, escribiendo guiones y dirigiendo peque√Īos proyectos. Al carecer del dinero, abandon√≥ la excavaci√≥n.


Que las ruinas de DeMille hayan sobrevivido intactas hasta el d√≠a de hoy, aunque enterradas en la arena, es un capricho de la geograf√≠a. Las dunas, que cubren unas 35 millas cuadradas de la costa aqu√≠, se formaron hace unos 15,000 a√Īos, seg√ļn Doug Jenzen, director ejecutivo del Centro de Dunas sin fines de lucro en Guadalupe. Jenzen y su equipo administran un peque√Īo museo de un artesano en los principales (y √ļnicos) esfuerzos de conservaci√≥n de la ciudad para la reserva de Dunes. Es un peque√Īo y encantador museo que parece fuera de lugar entre el cine cerrado y los edificios tapiados de Guadalupe, pero las Dunas y DeMille son la √ļnica fuente de dinero para el turismo en esta √°rea principalmente agr√≠cola, dice Jenzen.

Hace miles de a√Īos, los r√≠os barrieron rocas y cantos rodados densos en minerales desde la cordillera costera cercana hasta el mar, y finalmente golpearon la tierra en arena de grano fino. “Una de las razones por las que el set de pel√≠cula se conserva tan bien es por los minerales en la arena”, dice Jenzen. ‚Äú¬ŅSabes c√≥mo cuando ordenas algo por correo y viene con los paquetes de s√≠lice? La arena en realidad actu√≥ como un desecante natural que conserv√≥ el yeso para las estatuas “.

Durante 15 a√Īos, las ruinas quedaron intactas. Cada pocos a√Īos, un periodista o un investigador lo llamaban y Brosnan le hac√≠a bromas con detalles de su odisea en las dunas. Cada vez, esperaba que la nueva ronda de publicidad inyectara d√≥lares en el esfuerzo, pero nunca sucedi√≥ nada.

En octubre de 2014, los arqueólogos conservan restos en descomposición de la arena arrastrada por el viento en las dunas de Guadalupe.

En 2010, sin embargo, despu√©s de la Los Angeles Times public√≥ otra pieza en su excavaci√≥n inacabada, una mujer, que desea permanecer en el anonimato, contact√≥ a Brosnan y le ofreci√≥ aportar el dinero necesario para terminar la pel√≠cula. Pero para entonces estaba casado y ten√≠a hijos y hab√≠a estado alejado del proyecto durante dos d√©cadas. “Mi primera respuesta fue un momento de p√°nico”, dice Brosnan. “No hay forma de que pueda hacer esto”.

Pero Brosnan contrat√≥ a un productor y un editor, y el oto√Īo pasado, con la ayuda de una subvenci√≥n del condado de Santa B√°rbara, un equipo de arque√≥logos excav√≥ la mayor parte de una esfinge. Brosnan estuvo presente para filmarlo. ‚ÄúSiempre hab√≠amos querido terminar con una toma de la esfinge encontrada. Y lo tenemos “, dice. Usando su primer video filmado en la d√©cada de 1980, Brosnan ha logrado un corte preliminar y tiene un editor trabajando en un borrador final. √Čl dice que est√° buscando distribuidores y est√° considerando el circuito del festival de cine pronto.

En el Centro de Dunas, Jenzen y su equipo exhiben partes de una de las grandes esfinges de yeso y reliquias m√°s peque√Īas que se han sacado con √©xito de la arena. “Todas las estatuas estaban hechas de yeso”, dice. ‚ÄúFueron construidos para durar dos meses, hace 92 a√Īos. No creo que esto pueda haber sucedido en ning√ļn otro lugar de la tierra “.

Sin embargo, Jenzen dice que las ruinas podr√≠an no sobrevivir otros 92 a√Īos. Poderosas tormentas en los √ļltimos a√Īos han cambiado dr√°sticamente las arenas de las dunas: ahora m√°s del conjunto est√° expuesto a los elementos que nunca antes. El Centro de Dunas necesita $ 100,000 para desenterrar otra esfinge para agregarla a la pantalla, dice Jenzen, antes de que sea demasiado tarde. “Est√° desapareciendo tan r√°pido”, dice, “los arque√≥logos originalmente pensaron que durar√≠a hasta 2090, pero cada vez que salimos, se va m√°s”.