Las mujeres nepalíes que caminan durante días para administrar anticonceptivos

Una ma√Īana del invierno pasado en una aldea en Baitadi, un distrito en el extremo oeste de Nepal, Kabita Bhandari se sent√≥ con un grupo de mujeres para disipar los rumores locales sobre anticonceptivos a largo plazo. Bhandari tiene 22 a√Īos, es enfermera auxiliar, madre de una ni√Īa de dos a√Īos y es empleada de la agencia de salud reproductiva Marie Stopes International. Ese mismo d√≠a, hab√≠a llegado a Siddhapur desde Patan, la capital de Baitadi, que, como el resto de esta regi√≥n de Nepal, tiene pocas carreteras y es muy dif√≠cil de suministrar con servicios modernos. Como uno de sus seis proveedores de servicios de visitas (VSP), Bhandari completa un circuito de dos semanas en todo el distrito cada mes, navegando por senderos empinados y traicioneros para administrar anticonceptivos a largo plazo a mujeres en aldeas remotas. Esta fue su primera parada.

Voluntarios locales hab√≠an referido a las mujeres en Siddhapur a la sesi√≥n. Los asistentes se organizaron en un c√≠rculo fuera de la cl√≠nica del pueblo. “Todos somos hermanas. No hay nada de qu√© avergonzarse “, dijo Bhandari. “Si has escuchado algo, pregunta”. La mujer m√°s cercana a ella, que hab√≠a caminado desde un pueblo a una hora de distancia, habl√≥. Los rumores sobre el dispositivo intrauterino (DIU) la hab√≠an estado molestando. Ella escuch√≥ que despu√©s de un duro d√≠a de trabajo agr√≠cola, en cuclillas en el campo, podr√≠a caerse. Peor a√ļn, hab√≠a una posibilidad de que flotara hacia arriba y dentro de su est√≥mago y tal vez llegara a su garganta. “Nada de eso es cierto”, le dijo Bhandari. ‚ÄúLa gente en los pueblos inventa cosas. Es un problema.”

La anticoncepci√≥n a largo plazo es un servicio novedoso para muchas mujeres en Nepal. En las √°reas m√°s remotas, est√° disponible en menos del 5 por ciento de las cl√≠nicas gubernamentales. Aunque los anticonceptivos a corto plazo (condones, p√≠ldoras e inyecciones) generalmente est√°n almacenados, estos m√©todos no son pr√°cticos en un lugar donde muchas mujeres tienen que caminar durante la mayor parte del d√≠a para reponer sus suministros. Por lo tanto, los VSP promueven los implantes hormonales y los DIU de cobre como opciones m√°s convenientes: son m√°s baratos, tienen menos efectos secundarios y no requieren mantenimiento durante a√Īos a la vez. Pero una cosa es tragar p√≠ldoras, me dijo Bhandari, y otra es aceptar que se inserte un dispositivo debajo de la piel o dentro del √ļtero.

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Cada mes, Bhandari y sus colegas se despliegan de Patan en tres grupos para llegar a 68 clínicas remotas en todo Baitadi. Los periféricos son aproximadamente una caminata de un día el uno del otro. (La dificultad del terreno significa que los viajes se calculan por el tiempo en lugar de la distancia). Una vez en la aldea de destino, Bhandari administra anticonceptivos a los clientes y capacita al personal de la clínica, de los cuales solo el 12 por ciento está calificado para insertar implantes y DIU.

Quiz√°s lo m√°s importante es que trabaja para ganarse la confianza de sus clientes. Hacia el final de las dos horas En una sesi√≥n en Siddhapur, una mujer en el c√≠rculo pregunt√≥ si los DIU y los implantes son completamente seguros. Bhandari explic√≥ que los m√©todos a largo plazo tienen menos efectos inesperados que los a corto plazo, ya que env√≠an menos medicamentos al cuerpo, pero hacen que algunas mujeres sangren m√°s o experimenten calambres menstruales intensos. “¬°Son como las nueras!” ella dijo. “Tienen lados buenos y malos, como todo lo dem√°s”.


A la ma√Īana siguiente, part√≠ para una caminata de dos horas desde Patan a Gujar, un pueblo de 3.000 personas, con Bhandari y su supervisora, Kalawati Chaudhary, de 35 a√Īos. Ambas mujeres estaban equipadas con mochilas de 70 litros que conten√≠an 50 DIU y kits de implantes. , dos juegos de equipos quir√ļrgicos y sus pertenencias personales. Casi de inmediato, el asfalto dio paso al singletrack. Mientras camin√°bamos por algunas colinas cubiertas de matorrales, el camino se estrechaba hasta que ten√≠a solo unos pocos pies de ancho, y en una hora nos encontramos a una elevaci√≥n de 6,000 pies, en una ladera que cay√≥ abruptamente hacia Gujar debajo. Verdes colinas en terrazas yac√≠an a lo lejos. Bajamos, y cuando comenzamos a cruzar el helado r√≠o Surnaya, not√© el calzado de las mujeres. Chaudhary llevaba botas de monta√Īa hasta los tobillos, pero Bhandari, con jeans claros y un c√°rdigan de lana de gran tama√Īo, solo llevaba un par de punjabi de suela delgada. juttis, como vibrams m√≠nimamente ergon√≥micos. Le pregunt√© si eran suficientes para proteger sus pies del terreno accidentado. “Soy una hija de las colinas”, dijo, mientras saltaba f√°cilmente entre las rocas cubiertas de musgo.

Cuando Marie Stopes contrat√≥ a Bhandari como VSP en 2017, fue certificada recientemente como enfermera partera auxiliar. El Fondo de Poblaci√≥n de las Naciones Unidas centrado en la salud reproductiva (UNFPA) hab√≠a lanzado el programa solo un a√Īo antes para hacer que los anticonceptivos a largo plazo fueran m√°s accesibles en el remoto Nepal. Con fondos del Departamento de Desarrollo Internacional, la agencia de ayuda del Reino Unido, el proyecto contrat√≥ a 48 mujeres en 11 de algunos de los distritos m√°s pobres de Nepal. Se asociaron con Marie Stopes en cuatro de ellos, incluso en Baitadi. El mismo a√Īo, el proyecto contrat√≥ a Chaudhary, quien se mud√≥ 100 millas (a un lugar que era 4,300 pies m√°s alto y un viaje de ocho horas) desde su casa en Dhangadi, una ciudad de 300,000 personas en Terai, las tierras bajas del sur del pa√≠s.

La anticoncepción a largo plazo es un servicio novedoso para muchas mujeres en Nepal. En las áreas más remotas, está disponible en menos del 5 por ciento de las clínicas gubernamentales.

Chaudhary estaba intimidado por el nuevo terreno. Las colinas medias de Nepal se elevan a entre 3,000 y 10,000 pies, y aunque se consideran un pre√°mbulo de los picos nevados de los Himalayas en el norte, son dif√≠ciles de navegar. Las aldeas en Baitadi est√°n dispersas en un √°rea de la mitad del tama√Īo de Yosemite, unidas por senderos empinados y rocosos. Las mujeres caminan durante ocho o nueve horas a la vez, en el invierno pisoteando la nieve, en el verano a veces vadeando r√≠os con el equipo balanceado sobre sus cabezas. Chaudhary ha resultado herido varias veces en estos viajes. Una vez perdi√≥ el equilibrio en un acantilado y cay√≥ hacia el r√≠o Mahakali, su ca√≠da se rompi√≥ por una losa de roca que sobresal√≠a de la ladera de la colina. En otra ocasi√≥n, ella y Bhandari se encontraron repentinamente a una corta distancia de un par de toros salvajes, uno de los cuales fue tras Chaudhary; tropez√≥ con un arbusto de espinas mientras hu√≠a, y aunque escap√≥, el toro sali√≥ corriendo, las espinas dejaron cicatrices en el lado derecho de su cuerpo. (Bhandari, que se hab√≠a lanzado en otra direcci√≥n, bromea diciendo que el incidente le ense√Ī√≥ “que amaba mi propia vida m√°s que la de ella”).

Cuando tom√≥ el trabajo, Bhandari, que es de Patan, estaba emocionada de explorar rincones distantes de su distrito. Pero estaba asombrada por la desolaci√≥n de la vida que encontr√≥ all√≠. La anticoncepci√≥n era un servicio completamente extra√Īo en algunas aldeas. “Ves mujeres que tienen seis o siete hijos y que involuntariamente tienen m√°s”, dice ella. En otros, la tierra permite a los lugare√Īos cultivar solo ma√≠z y papas, y solo lo suficiente para alimentarse durante unos meses cada a√Īo, oblig√°ndolos a importar el resto de su sustento a trav√©s de mulas de carga. En lugares como Dhungad, una aldea en el sureste de Baitadi con una poblaci√≥n de alrededor de 400, no hab√≠a comida de sobra para los extra√Īos cuando la visitaba. Bhandari inicialmente llev√≥ a su hija de ocho meses, Kristina, a sus viajes, porque no estaba dispuesta a separarse de ella durante semanas. Carg√≥ al beb√© con una honda en el pecho. Pero Bhandari ocasionalmente pasaba hambre por la noche y no pod√≠a amamantar, as√≠ que comenz√≥ a dejar a Kristina en casa con su abuela.

Las noches pueden ser particularmente dif√≠ciles. Por lo general, las mujeres hacen arreglos para dormir en las casas de mujeres voluntarias de salud comunitaria, unas 52,000 trabajadoras designadas por el gobierno en todo el pa√≠s que buscan clientes para las visitas de VSP. Esto a menudo significa compartir una habitaci√≥n estrecha y llena de humo sobre un granero con una familia de seis o siete, durmiendo alrededor del hogar donde se cocina la cena. Cuando no logran llegar a su destino a tiempo, las mujeres han tenido que solicitar refugio a los habitantes de otras aldeas. Con frecuencia son rechazados: en el conservador extremo oeste del pa√≠s, muchos son reacios a permitir que extra√Īos entren a sus hogares por temor a que puedan ser de una casta inferior, dice Chaudhary. Y no est√°n especialmente dispuestos a recibir mujeres, que tambi√©n podr√≠an estar menstruando y, por lo tanto, ser impuras.

Kalawati Chaudhary ha resultado herido varias veces en estos viajes. Una vez perdió el equilibrio en un acantilado y cayó hacia el río Mahakali.

Aunque viajan en parejas, la seguridad es una preocupaci√≥n constante, especialmente una vez que oscurece. “Escuchas sobre gente borracha en el camino, sobre casos de violaci√≥n”, dice Bhandari. “As√≠ que, por supuesto, el miedo juega en tu coraz√≥n”. Pero ella ha aprendido a racionalizar los riesgos. “Me digo que podr√≠a lastimarme en cualquier lugar, incluso en casa”, dice ella.

En el camino a Gujar, nos encontramos con un pu√Īado de personas que se dirig√≠an en la direcci√≥n opuesta. Conocimos a un pol√≠tico local de unos sesenta a√Īos llamado Radhika Khadka, quien me dijo que hab√≠a vivido en Katmand√ļ durante mucho tiempo y finalmente regres√≥ a Baitadi. “El viento y el agua no son los mismos en ning√ļn otro lugar”, dijo. Pasamos por grupos de escolares cuando nos acercamos a Gujar y nos unimos a una mujer que avanzaba por el sendero con un fardo de heno dos veces mayor que su espalda. Bhandari pregunt√≥ por el hogar de la mujer, su esposo trabajaba como jornalero en India, y luego la hizo hablar. “¬ŅCu√°ntos hijos tienes, hermana?” ella pregunt√≥. La mujer murmur√≥ una respuesta. ‚ÄúHermana, eso debe ser dif√≠cil‚ÄĚ, dijo Bhandari. “¬ŅPor qu√© tener tantos, verdad?”


En cl√≠nicas remotas en Baitadi, la tasa de retenci√≥n de personal es abismalmente baja. El supervisor de la cl√≠nica Siddhapur me dijo que los miembros del personal que han sido entrenados y promovidos tienden a solicitar transferencias al Terai, donde acceder a instalaciones como escuelas y hospitales no exige largas horas de caminata. Esto deja a las cl√≠nicas con personal no calificado y locales con acceso limitado a implantes y DIU, una brecha que los VSP han llenado durante los √ļltimos dos a√Īos. Cuando llegamos a Gujar, encontramos diez clientes esperando a las dos mujeres.

El primer cliente de Bhandari para el d√≠a fue Goma Bista, de 26 a√Īos, que ten√≠a tres hijos, su hijo mayor era un hijo de diez a√Īos. Ella hab√≠a venido a recibir un implante. Bhandari llev√≥ a Bista a trav√©s de una l√≠nea de opciones anticonceptivas. Los m√©todos a largo plazo le permitir√≠an planificar cu√°ntos ni√Īos podr√≠a permitirse alimentar; Tambi√©n son m√°s convenientes. “Puedes relajarte durante cinco a√Īos”, dijo Bhandari. Ella hizo una pausa. “Es posible que haya escuchado que le cortamos el brazo para insertar el implante”, agreg√≥. “No hacemos nada por el estilo”.

Mientras Bista yacía en la cama, Bhandari desempacó su bolso y se quitó los guantes, Betadine, algodón y gasa. De otra bolsa, sacó anestesia y agua destilada, así como un trocar, un dispositivo similar a una jeringa para insertar las varillas del implante. Una trabajadora de salud cargó el trocar bajo su supervisión.

Cuando no logran llegar a su destino a tiempo, las mujeres han tenido que solicitar refugio a los habitantes de otras aldeas. Con frecuencia son rechazados.

“Tambi√©n tengo un implante”, asegur√≥ Bhandari a Bista, se√Īalando su brazo. Cuando le pregunt√≥ a Bista sobre su esposo e hijos, Bhandari aplic√≥ la Betadina y le inyect√≥ anest√©sico. Ella manej√≥ el trocar.

Unos momentos despu√©s, Bhandari visti√≥ el √°rea con gasa. “Hermana, est√° hecho”, dijo. Gui√≥ los dedos de Bista hacia las dos barras en su brazo. “¬ŅDoli√≥?”

“En absoluto”, dijo Bista.

“Entonces, ¬Ņqu√© vas a decir en el pueblo?”

“¬°Que no pod√≠a sentir que entraba!”

Durante las siguientes tres horas, Bhandari y Chaudhary atendieron al resto de sus clientes, alternando entre aconsejar a las mujeres y realizar procedimientos. En dos a√Īos, el n√ļmero de clientes en Baitadi ha aumentado constantemente, de 598 en 2017 a 989 en 2018. A medida que las mujeres descubren que otros han tenido procedimientos exitosos, dice Chaudhary, tambi√©n los buscan. Despu√©s de escuchar que un empleado de la cl√≠nica en Sakar, una aldea cerca de Patan, recibi√≥ un implante, 30 mujeres locales se alinearon en un solo d√≠a, el n√ļmero m√°s alto hasta la fecha, para hacer lo mismo.

El sol hab√≠a comenzado a ponerse cuando Bhandari y Chaudhary salieron del edificio. “Por favor ll√°menos”, dijo Bhandari al supervisor de la cl√≠nica cuando nos fuimos. “Vendremos incluso si solo dos o cuatro personas desean el servicio”.

Comenzamos de regreso a Patan, donde Bhandari y Chaudhary estaban programados para pasar la noche antes de embarcarse en las aldeas m√°s lejanas, Chaukham y Thalakanda, en el este del distrito. El d√≠a anterior, Bhandari me dijo que cuanto m√°s se adentra en Baitadi, m√°s j√≥venes tienden a ser sus clientes (algunos tienen solo 17 o 18 a√Īos) y m√°s hijos tienen. Todos est√°n casados; buscar anticonceptivos antes de eso es impensable. Le pregunt√© a Bhandari qu√© aconseja a las novias nuevas.

“Yo digo:” T√≥mese su tiempo, disfrute de su matrimonio “, dijo. Pero muchas ni√Īas enfrentan una presi√≥n inmensa: los padres trataron de casarlas j√≥venes, y una vez casadas, los suegros demandan hijos. Record√© que Bhandari se cas√≥ cuando ten√≠a 19 a√Īos y dio a luz un a√Īo despu√©s, as√≠ que le pregunt√© con cautela si esa hab√≠a sido su experiencia. “¬°No!” ella dijo. Ella se ech√≥ a re√≠r. “No lo hab√≠a pensado, no lo hab√≠a planeado. Tuve un accidente. ¬°Por eso les digo a las hermanas que no conf√≠en en los condones! “