¬ŅPuede Kumi Naidoo hacer que Greenpeace sea relevante nuevamente?

Un rumano, un alem√°n y un sudafricano llamaron a un taxi. Eran alrededor de las 11 p.m. en una noche fr√≠a en septiembre pasado en Manhattan, y los hombres planeaban hacer un video. Todos trabajaron para Greenpeace, la organizaci√≥n ambiental internacional sin fines de lucro, pero ten√≠an poco en com√ļn adem√°s de eso. El rumano era Radu Dumitrascu, un especialista en comunicaciones de 33 a√Īos que se uni√≥ a Greenpeace despu√©s de quemarse en un trabajo de escritorio de DC y pasar un par de a√Īos trabajando para proteger a los gorilas de monta√Īa en el Congo. El alem√°n, Wolfgang Sadik, de 46 a√Īos, fue un salvavidas; √©l hab√≠a estado con la organizaci√≥n durante 25 a√Īos. Ayud√≥ a dirigir el equipo de acciones, la unidad de capa y espada que hace la planificaci√≥n cuando, por ejemplo, una plataforma petrolera necesita escalarse. El sudafricano era el jefe, el director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo. Naidoo, de 50 a√Īos, es un activista de derechos humanos alto, larguirucho, ex amable, de barba gris y una camisa africana siempre presente. Es el rostro p√ļblico de la organizaci√≥n.

Los hombres se encontraban en la ciudad de Nueva York para la Cumbre sobre el clima de la ONU, una reuni√≥n de 100 jefes de estado anunciada como la pr√≥xima etapa importante en los esfuerzos internacionales para abordar el calentamiento global. Naidoo estaba entusiasmado con la marcha del d√≠a anterior, en la que casi 400,000 personas llenaron las calles de Manhattan, pero nadie se mostr√≥ particularmente optimista sobre la reuni√≥n de la ONU. Ese mismo d√≠a, al aparecer en un panel en la calle 92 Y con el fundador de 350.org Bill McKibben y los rockeros convertidos en activistas Linkin Park, Naidoo lo llam√≥ “masturbaci√≥n verbal”.

Entonces √©l, Dumitrascu, Sadik y algunos otros iban a ejercer presi√≥n. El plan era filmar un breve video en las redes sociales de Naidoo pidiendo a los gobiernos que promulguen pol√≠ticas de energ√≠a limpia y, como enton√≥ en su profundo bar√≠tono, “¬°Escucha a la gente, no a los contaminadores!” M√°s tarde, alrededor de las 3 a.m., Sadik y un equipo proyectar√≠an esa frase en una cara del edificio de la ONU, en el East Side de Manhattan, en varios idiomas. El truco fue ilegal pero no peligroso, por lo que Naidoo acababa de ser informado el d√≠a anterior.

“Las acciones a menudo se realizan seg√ļn sea necesario”, me dijo mientras la cabina avanzaba. “La mayor√≠a de las acciones, no se me consultar√° al respecto. Pero si es algo en lo que podr√≠a ser el tiempo de prisi√≥n o un caso judicial muy grande, entonces vendr√°n a m√≠ y me dir√°n: ‘Estamos haciendo esta acci√≥n, requiere mucho de los activistas, la evaluaci√≥n legal es esta, lo peor escenario de caso es este. ‘Y nunca he dicho que no. Porque nuestra gente es competente “.

“La forma en que lo veo”, dice Naidoo, “abordar el cambio clim√°tico es m√°s importante que todas las injusticias que hemos combatido a lo largo del tiempo juntas. Colonialismo, esclavitud, apartheid. Se trata de la supervivencia “.

Naidoo es la gran esperanza de Greenpeace. Pas√≥ su adolescencia luchando contra el apartheid en Sud√°frica, enterr√≥ a demasiados amigos, se exili√≥ y luego salt√≥ a la fama en el mundo internacional de los derechos humanos. Greenpeace lo reclut√≥ en 2009, cuando la organizaci√≥n estaba teniendo lo que podr√≠a llamarse una crisis de relevancia. Al mismo tiempo, el grupo de acci√≥n directa m√°s poderoso del mundo, qued√≥ atrapado en una fase frustrante. Con alrededor de 2.500 empleados repartidos en 41 oficinas en todo el mundo, Greenpeace era demasiado grande para ser el perdedor, pero todav√≠a estaba agobiado por la nostalgia institucional por sus d√≠as sin armas nucleares. Desde que asumi√≥ el cargo en 2009, Naidoo ha impulsado un ambicioso plan para convertir a Greenpeace de una ONG europea de arriba hacia abajo (su sede se encuentra en √Āmsterdam) a un equipo descentralizado, casi guerrillero, con una poderosa presencia en los lugares donde, cree la guerra clim√°tica se ganar√° o se perder√°: √Āfrica, Asia y Am√©rica del Sur.

Saltamos a la calle 41, donde tres miembros m√°s del equipo esperaban junto a un balc√≥n con vista al East River. Cuando un camar√≥grafo prepar√≥ a Naidoo, camin√© hacia un lado con Sadik. Ten√≠a un gran y bien peinado cabello plateado, un parche de bigote y alma, y ‚Äč‚Äčojos grandes y penetrantes. Me dijo que cuando ten√≠a 16 a√Īos, sus amigos quer√≠an unirse a una protesta contra una planta de energ√≠a, pero su padre, a quien no le gustaban los hippies o los radicales, dijo que no pod√≠a ir. Entonces se fue. “Era invierno y ven√≠a por la noche a un grupo secreto en el bosque”, record√≥ Sadik. “Dijeron:” Estamos con Greenpeace “. Entonces supo lo que ten√≠a que hacer con su vida. “Quer√≠a sentir pol√≠tica con mis sentidos”, me dijo. “Por eso siempre me especialic√© en acciones”. Sadik realiz√≥ un trabajo de posgrado en arqueolog√≠a en la Universidad de Viena, pero luego regres√≥ al redil de Greenpeace. “Ahora”, dijo, “estoy salvando el futuro y el pasado”.

Naidoo termin√≥ de hablarle a la c√°mara y comenz√≥ a caminar de regreso a su hotel, dejando a Sadik y al equipo para ocuparse de la proyecci√≥n. Mientras observaba todo esto, me llam√≥ la atenci√≥n una falla obvia en el plan: ¬ŅQui√©n estar√≠a caminando por la ONU a las 3 a.m.? Todo parec√≠a pintoresco y divertido.

Es decir, parec√≠a divertido hasta dos meses despu√©s, cuando una acci√≥n en Per√ļ fracas√≥ espectacularmente y Naidoo estaba tratando desesperadamente de salvar la reputaci√≥n de Greenpeace despu√©s del peor error en sus 43 a√Īos de historia. En ese momento, pens√© en lo √ļltimo que hab√≠a dicho esa noche en Nueva York, una broma de improviso mientras se alejaba: “¬°No me despiertes si te arrestan!”


Esto es lo que sucedi√≥: a principios de diciembre, un grupo de 20 activistas de Greenpeace de siete pa√≠ses, incluidos Argentina, Chile y Alemania, viajaron aproximadamente seis horas al sur de Lima. El fot√≥grafo argentino de Associated Press Rodrigo Abd y Herbert Villarraga, camar√≥grafo colombiano de Reuters, los acompa√Īaron. Todos hab√≠an venido a Per√ļ para la COP20, una conferencia clim√°tica multinacional dise√Īada para allanar el camino para un acuerdo vinculante sobre las emisiones de carbono, y hab√≠an planeado en secreto una acci√≥n.

Su destino eran las L√≠neas de Nazca, uno de los sitios m√°s sagrados del Per√ļ. Comenzando alrededor del a√Īo 500 aC, la gente de Nazca, que viv√≠a en un valle cercano del r√≠o, cre√≥ cientos de geoglifos gigantes (trapecios, un perro, un colibr√≠, un pel√≠cano de m√°s de 900 pies de largo) al eliminar las rocas de la superficie de color marr√≥n rojizo para exponer el suelo claro. debajo. Algunos eruditos piensan que eran s√≠mbolos religiosos; otros creen que fueron utilizados para trazar las estaciones. Los propios Nazca hab√≠an desaparecido hacia el a√Īo 750 d. C., aparentemente por las desastrosas inundaciones de El Ni√Īo exacerbadas por su propia tala agr√≠cola. Pero debido a que el desierto de Nazca recibe poca lluvia y menos viento, las l√≠neas han sobrevivido. Un sitio del Patrimonio Mundial de la Unesco, son un popular destino para turistas y fot√≥grafos a√©reos. El colibr√≠ adorna una de las monedas m√°s comunes de Per√ļ.

En las horas previas al amanecer del 8 de diciembre, los activistas caminaron aproximadamente media milla desde un camino de tierra hasta uno de los símbolos más accesibles, el colibrí. Llevaban mochilas, refrigeradores de agua y un avión no tripulado. Cuando salió el sol, desplegaron letras altas de tela amarilla que deletreaban

HORA
¬°PARA CAMBIAR!
EL FUTURO ES RENOVABLE
PAZ VERDE

debajo del pico del p√°jaro. De acuerdo a un New York Times El informe publicado una semana despu√©s del incidente, un activista, que parec√≠a estar manejando las cosas, les dijo a los dem√°s que tengan cuidado de no pisar las l√≠neas. La historia lo identific√≥ como Wolfgang Sadik. En un video subido a YouTube, Sadik dice: ‚ÄúElegimos las L√≠neas de Nazca porque creemos que estas l√≠neas son un s√≠mbolo del cambio clim√°tico. Lo que sucedi√≥ aqu√≠ en el pasado a menor escala sucede ahora a escala global, y la cultura Nazca desapareci√≥ debido al cambio clim√°tico ‚ÄĚ.

Regi√≥n Ica Am√©rica Latina Nazca Per√ļ Am√©rica del Sur

El d√≠a anterior, los activistas de Greenpeace hab√≠an publicado im√°genes de un mensaje similar creado en Machu Picchu. Pero Nazca es un lugar m√°s vulnerable, y en el momento en que las im√°genes aparecieron en Twitter, el p√ļblico atac√≥. Los medios conservadores en Per√ļ denunciaron el acto como una violaci√≥n del patrimonio cultural, y los medios de comunicaci√≥n de la BBC a NBC lo siguieron. Los activistas hab√≠an cometido un grave insulto al ingresar al sitio, que est√° prohibido para los visitantes sin una gu√≠a y calzado especial. Peor a√ļn, los delincuentes dejaron marcas en el suelo (sus huellas y una huella de la letra C) que, seg√ļn afirman los funcionarios peruanos, no se pueden borrar.

El d√≠a despu√©s de la acci√≥n, la sucursal de La Fiscalia en Nazca, la fiscal√≠a federal de Per√ļ, abri√≥ una investigaci√≥n preliminar, precursora de los cargos formales. Pero los 20 activistas hab√≠an abandonado el pa√≠s antes de que se establecieran restricciones de viaje. Greenpeace entr√≥ en control de da√Īos. Los altos mandos afirmaron que no ten√≠an conocimiento previo de la acci√≥n, y los portavoces emitieron disculpas anodinas, incluida una subestimaci√≥n del a√Īo: “Esto se ve mal”. Greenpeace se neg√≥ a revelar los nombres de los activistas, un cambio radical para una organizaci√≥n basada en reclamar cr√©dito por desobediencia civil.

Al igual que el resto de los l√≠deres, Naidoo aleg√≥ ignorancia. El 8 de diciembre, se encontraba en Filipinas, entregando cargadores solares a las v√≠ctimas del tif√≥n Hagupit. Esa ma√Īana, antes del alboroto, su cuenta de Twitter retuite√≥ una imagen del truco de Nazca a sus 30,000 seguidores, pero Naidoo dice que no estaba detr√°s del tweet: el departamento de comunicaciones de Greenpeace ayuda a administrar su feed. Naidoo dice que escuch√≥ por primera vez lo que sucedi√≥ camino al aeropuerto de Manila para abordar un vuelo a Amsterdam. Cuando el avi√≥n aterriz√≥, su correo de voz estaba lleno. Dormi√≥ seis horas, luego reserv√≥ un vuelo a Lima. Lleg√≥ para encontrar equipos de noticias esperando.

“Esto no es lo que representamos”, dijo en una c√°mara. “Esto no es lo que defiendo”. Cuando sali√≥ de un tribunal de Nazca despu√©s de una audiencia preliminar la semana siguiente, la gente arroj√≥ huevos. “Cuidado con el Taj Mahal, cuidado con las pir√°mides en Egipto”, rega√Ī√≥ el presidente de Per√ļ, Ollanta Humala. “Porque todos enfrentamos la amenaza de que Greenpeace pueda atacar a cualquiera de la herencia hist√≥rica de la humanidad”. La p√°gina de Facebook del grupo est√° llena de profana invectiva. Los encuestadores en los Estados Unidos fueron hostigados. “En 35 a√Īos de activismo”, me dijo Naidoo, “nunca ha habido un momento en que me haya sentido tan avergonzado”.


El fiasco de Nazca fue carne cruda para el gran segmento del p√ļblico que tiende a pensar en los ambientalistas en general, y en Greenpeace espec√≠ficamente, como estridentes o fuera de contacto. Tambi√©n sorprendi√≥ a muchos, porque Greenpeace ha experimentado un cambio profundo bajo el liderazgo de Naidoo. Antes de ser contratado, muchos consideraban que el grupo estaba demasiado orientado al truco, al norte (l√©ase: blanco y un poco ingenuo), hambriento de cr√©dito y presumido; en resumen, el tipo de atuendo que podr√≠a haber desencadenado un eslogan tonto en el L√≠neas de Nazca. Pero en los √ļltimos cinco a√Īos, Greenpeace aument√≥ dr√°sticamente su posici√≥n entre los l√≠deres ambientales y empresariales al hacer un doble movimiento astuto.

M√°s visiblemente, ha vuelto a la acci√≥n directa cl√°sica y audaz. Al mismo tiempo, se ha reinventado como una organizaci√≥n pragm√°tica y detr√°s de escena que puede influir dram√°ticamente en las cadenas de suministro globales de las grandes corporaciones, convenciendo a compa√Ī√≠as como Coca-Cola, por ejemplo, para que suelten fluorocarbonos de sus refrigerantes. En octubre pasado, dos meses antes de Nazca, habl√© con Mark Tercek, CEO de Nature Conservancy, quien dijo: “Bajo el liderazgo de Kumi, Greenpeace est√° menos enfocado en campa√Īas extravagantes y m√°s enfocado en lograr cosas en el campo”.

AUC400

Greenpeace fue construido sobre extravagancia. La organizaci√≥n fue fundada en 1972 en Vancouver, Columbia Brit√°nica, por aspirantes a revolucionarios que se hac√≠an llamar “hobbits”. El a√Īo anterior, cuando el gobierno de EE. UU. Hab√≠a planeado una prueba de bomba nuclear en la isla aleutiana de Amchitka, 11 manifestantes navegaron hacia el norte para intervenir. No detuvieron la prueba, pero lanzaron un movimiento que perdurar√≠a. Greenpeace eligi√≥ y gan√≥ grandes peleas confiando en una f√≥rmula simple: encuentre a alguien que da√Īe el medio ambiente, enfr√©ntelo con c√°maras rodando y use la publicidad para generar indignaci√≥n. Hubo golpes en el camino, en particular, el hundimiento de Greenpeace en 1985 Guerrero arcoiris buque de los agentes franceses de inteligencia extranjera en Nueva Zelanda, pero durante sus primeras dos d√©cadas, Greenpeace fue posiblemente la operaci√≥n activista m√°s efectiva de la historia. Cre√≥ una generaci√≥n de activistas contra la lucha antinuclear y antinuclear, y le dio una cara al ecologismo antiestablecimiento financiado por los donantes.

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A partir de los a√Īos noventa, Greenpeace trat√≥ de pintarse a s√≠ mismo como un influyente pol√≠tico, cediendo peleas directas a grupos como Rainforest Action Network y Sea Shepherd Conservation Society. El l√≠der de Sea Shepherd, Paul Watson, cofundador de Greenpeace convertido en cr√≠tico vociferante, se ha convertido en un nombre familiar, gracias a Guerras de ballenas, la popular serie de televisi√≥n de realidad sobre acci√≥n directa contra los balleneros japoneses. Alrededor de 2005, Greenpeace comenz√≥ a apuntar a las corporaciones, asumiendo compa√Ī√≠as como McDonald‚Äôs sobre la tala en los bosques amaz√≥nicos. A√ļn as√≠, su influencia disminuy√≥; era demasiado extremista para las corporaciones y no lo suficientemente duro para otros ambientalistas.

Naidoo fue contratado para realizar un rescate de marca. Se centr√≥ en algunos problemas clim√°ticos clave, como la perforaci√≥n de petr√≥leo en el √Ārtico y la deforestaci√≥n en Asia y el Amazonas. Tambi√©n presion√≥ por una reestructuraci√≥n ambiciosa para alejar a las personas y el dinero de las fortalezas ambientales europeas tradicionales a lugares como China, Brasil e India.

El cambio hacia el sur y el este ha causado cierta confusi√≥n en las filas, pero tambi√©n se ha visto con visi√≥n de futuro ya que otras ONG hacen movimientos similares. “Todos nosotros, grandes organizaciones internacionales que tenemos nuestras ra√≠ces en Norteam√©rica y Europa, tenemos que cambiar”, dice Samantha Smith, directora de iniciativas globales de clima y energ√≠a en el Fondo Mundial para la Naturaleza. “No estamos ganando las peleas que necesitamos ganar. Si no puede hablar con credibilidad sobre las preocupaciones de los pa√≠ses en desarrollo acerca de sacar a la gente de la pobreza y al mismo tiempo dejar el carb√≥n, no ser√° efectivo “.

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Pero es el regreso a la desobediencia civil lo que m√°s ha elevado el perfil p√ļblico de Greenpeace. En 2011, Naidoo se convirti√≥ en el primer director ejecutivo internacional en ser arrestado cuando escal√≥ una plataforma petrolera en la costa de Groenlandia. Dos a√Īos despu√©s, en septiembre de 2013, 28 activistas de Greenpeace que protestaban por la perforaci√≥n en el √Ārtico, junto con un fot√≥grafo y camar√≥grafo, fueron arrestados en aguas internacionales frente a la costa rusa. Parte del grupo estaba subiendo a una plataforma petrolera cuando un helic√≥ptero se materializ√≥ en lo alto, arrojando tropas rusas con pasamonta√Īas armadas con ametralladoras sobre la cubierta de su rompehielos, el Amanecer √°rtico. Los activistas fueron acusados ‚Äč‚Äčde pirater√≠a (luego reducidos al vandalismo) y amenazados con 15 a√Īos de prisi√≥n. Durante casi tres meses, el llamado √Ārtico 30 languideci√≥ en c√°rceles primitivas y heladas. Naidoo se ofreci√≥ a intercambiar lugares con ellos, y 11 ganadores del Premio Nobel escribieron al presidente ruso Vladimir Putin, pidiendo que se retiren los cargos. La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro de Nueva Zelanda, John Key, intervinieron, e incluso Watson tuvo que alabar su antiguo atuendo. “Parece que Greenpeace ha desencadenado una nueva guerra fr√≠a”, escribi√≥ en su p√°gina de Facebook. Casi cuatro meses despu√©s del arresto, en v√≠speras de los Juegos Ol√≠mpicos de Sochi, Rusia lanz√≥ el √Ārtico 30. Al parecer, Greenpeace hab√≠a regresado.


En la superficie, Greenpeace y Naidoo no son una pareja obvia. Creci√≥ en un pueblo pobre a las afueras de Durban, el segundo de cuatro hijos de una familia descendiente de sirvientes indios. Pero Kumi y sus hermanos nunca se sintieron pobres, incluso cuando asistieron a una escuela primaria que carec√≠a de electricidad. Su madre, Mana, cos√≠a ropa para los vecinos, y su padre, Shunmugam, era contable. “Tenemos suficiente”, dir√≠a Mana a los ni√Īos. Una foto de Mahatma Gandhi colgaba en una pared de la casa familiar.

En junio de 1976, cuando Kumi ten√≠a diez a√Īos, miles de estudiantes negros se reunieron en Soweto, el famoso municipio cerca de Johannesburgo, para protestar por el decreto del gobierno de que el afrikaans ser√≠a un idioma obligatorio en las escuelas p√ļblicas. La polic√≠a abri√≥ fuego y mat√≥ a cientos. Los ni√Īos de Naidoo solo eran vagamente conscientes de la violencia. “Recuerdo claramente que nuestros maestros nos dijeron que ten√≠amos privilegios porque √©ramos los mejores estudiantes y que saldr√≠amos del pueblo”, dice el hermano menor de Kumi, Kovin, ahora un destacado optometrista en Sud√°frica.

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En 1980, este optimismo se derrumb√≥ de repente cuando Mana se suicid√≥. Kumi, que ten√≠a 15 a√Īos, busc√≥ refugio brevemente en alcohol, se hundi√≥ y se durmi√≥ en los bancos del parque. Luego, √©l y Kovin se lanzaron al movimiento de protesta estudiantil, participando en peligrosos enfrentamientos con la polic√≠a. Kumi a menudo se ha preguntado si la muerte de su madre lo empuj√≥ al frente. “Si ella hubiera estado viva”, dice, “¬Ņhabr√≠a tenido el coraje? Siempre me pregunto.

Kumi y Kovin fueron expulsados ‚Äč‚Äčde la escuela secundaria por sus papeles en las marchas. El director llam√≥ a Shunmugam y le dijo que recogiera a sus hijos. Shunmugam respondi√≥ que los ni√Īos pod√≠an caminar y colgar. Poco despu√©s de eso, sintiendo la posibilidad de m√°s problemas, tom√≥ los pasaportes de los ni√Īos y los escondi√≥.

En 1983, Kumi se matricul√≥ en la Universidad de Durban-Westville, donde estudi√≥ pol√≠tica. √Čl y Kovin pronto se unieron al Congreso Nacional Africano, un acto ilegal, ya que el partido hab√≠a sido forzado a esconderse, trabajando en diferentes celdas. Kumi ayud√≥ a dirigir el grupo de estudiantes del ANC y tambi√©n se organiz√≥ para la rama revolucionaria armada, reclutando y distribuyendo literatura ilegal. Me dijo que nunca particip√≥ en ninguna violencia, una afirmaci√≥n de que media docena de fuentes en Sud√°frica respaldan. “Ten√≠a un perfil tan alto en el movimiento de masas”, dice. ‚ÄúEstaban molestando nuestro tel√©fono. As√≠ que nunca me presionaron para unirme a la lucha armada “.

A√ļn as√≠, dice Naidoo, fue un momento diferente con un c√≥digo moral diferente, y pas√≥ la mayor parte de sus fines de semana en los funerales de amigos asesinados por la polic√≠a. En diciembre de 1986, recibi√≥ una beca Rhodes para estudiar filosof√≠a pol√≠tica en la Universidad de Oxford. Para entonces, sin embargo, la celda ANC de Naidoo hab√≠a sido comprometida y √©l estaba huyendo, escondi√©ndose en las casas de sus amigos. Poco despu√©s de las noticias de Rodas, la polic√≠a lleg√≥ a la casa de su padre a altas horas de la noche, amenazando con matar a Kumi si lo atrapaban. Otra noche, regres√≥ a su casa y Shunmugam le dio su pasaporte. La pr√≥xima primavera, para evitar una citaci√≥n judicial que estaba convencido de que lo llevar√≠a a su prisi√≥n y tortura, hizo que algunos m√©dicos amigos lo admitieran en un hospital, donde le administraron un placebo IV. Fue dado de alta justo antes de que la corte enviara a la polic√≠a a correr.

Pero antes de que Naidoo pudiera huir a Inglaterra, todav√≠a ten√≠a que tomar sus ex√°menes. Entonces le pidi√≥ a un amigo, el destacado dramaturgo Ronnie Govender, que dise√Īara un disfraz. “Dijo:” Vamos con Lionel Richie “”, recuerda Naidoo. El joven activista consigui√≥ una permanente, se afeit√≥ la barba y camin√≥ sin molestias mientras terminaba sus ex√°menes con la ayuda de un profesor comprensivo. Los amigos cercanos no pod√≠an reconocerlo. Lleg√≥ a Inglaterra y solo hab√≠a pasado un a√Īo en su Ph.D. estudios, en junio de 1988, cuando Kovin fue arrestado y arrojado a confinamiento solitario durante ocho meses.

En 1990, el ANC fue excluido y Nelson Mandela fue liberado de prisi√≥n. Naidoo regres√≥ a Sud√°frica para ayudar a establecer el ANC como un partido leg√≠timo, luego capacit√≥ al personal electoral para las primeras elecciones democr√°ticas del pa√≠s, en 1994, cuando Mandela se convirti√≥ en presidente. No pas√≥ mucho tiempo antes de que viera a sus compa√Īeros tomar trabajos lucrativos o entrar a la pol√≠tica. “La gente como yo se volvi√≥ comercializable”, dice. “Dije en broma que el t√©rmino ONG ya no significa organizaci√≥n no gubernamental, sino el pr√≥ximo funcionario gubernamental”.

Fund√≥ un grupo paraguas para ONG sudafricanas, luego se uni√≥ a Civicus, una peque√Īa organizaci√≥n de derechos humanos que super√≥ su peso. Pronto se encontr√≥ enviando invitaciones para hablar en lugares como el Foro Econ√≥mico Mundial, en Davos. Sus muchos fan√°ticos del circuito internacional de ONG se√Īalan un rasgo destacado: su humildad. “Cuando entra y habla, habla en nombre de mucha gente”, dice Cynthia Ryan, miembro de la Fundaci√≥n Schooner, que financia iniciativas de derechos humanos y seguridad. “√Čl es muy consciente de eso”.

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Naidoo comenz√≥ a sintonizar con los problemas ambientales en parte a trav√©s de su hija, Naomi. (Nunca se ha casado; la madre de Naomi es una amiga de Oxford). En 2008, se uni√≥ a Greenpeace √Āfrica como miembro de la junta. En 2009, llam√≥ Lalita Ramdas, presidenta de la junta de Greenpeace. En ese momento, las ONG ambientales estaban comenzando a mirar hacia el sur y el este mientras se alejaban de las estrategias centradas en la naturaleza y hacia una visi√≥n que explicaba el bienestar humano. Greenpeace, mientras tanto, fue capturado en gran parte en el pasado. “Necesitaban aportar relevancia a una organizaci√≥n que muchos consideraban cada vez m√°s irrelevante”, dice M. Sanjayan, vicepresidente ejecutivo de Conservation International. Pero Naidoo llevaba 19 d√≠as en huelga de hambre para protestar por la crisis humanitaria en Zimbabwe.

“Muchas gracias”, dijo. “Pero me temo que es un mal momento”.

Esa noche habl√≥ sobre eso con Naomi. “Pap√°”, dijo, “si no tienes en cuenta esto, nunca volver√© a hablarte”.

Entonces él tomó el trabajo.


Greenpeace tiene un presupuesto anual de aproximadamente $ 330 millones, todos los cuales provienen de donantes individuales o fundaciones; no acepta contribuciones corporativas. Eso es aproximadamente $ 200 millones m√°s que el costo operativo anual de Conservation International, pero $ 300 millones menos que el World Wildlife Fund y $ 400 millones menos que el Nature Conservancy. Naidoo no ejerce la influencia que tienen Tercek de Nature Conservancy o el CEO de Conservation International, Peter Seligmann. No puede preservar a los peque√Īos Edens con el trazo de un bol√≠grafo. Su compensaci√≥n tambi√©n es menor: Naidoo gana alrededor de $ 150,000, alrededor de una cuarta parte de lo que hace Tercek.

Pero los recursos de Greenpeace se utilizan de una manera que le da a Naidoo un poder singular, que es particularmente aterrador si usted es el CEO de una corporaci√≥n multinacional. Greenpeace gasta alrededor de $ 100 millones al a√Īo en campa√Īas y divulgaci√≥n en los medios, gran parte de los cuales apunta a atacar marcas espec√≠ficas. En estos d√≠as vale la pena ser visto como un aliado de Greenpeace o, m√°s espec√≠ficamente, para evitar ser visto como un enemigo de Greenpeace.

HORIZONTAL

Vi esto de primera mano en la cumbre clim√°tica en Nueva York, donde los ejecutivos de Asia Pulp and Paper llevaron a Naidoo a un lado para una sesi√≥n de fotos. En 2011, Greenpeace se enfoc√≥ en la empresa de juguetes Mattel por el uso de empaques de APP, que estaba talando bosques tropicales indonesios. Primero trat√≥ de convencer a Mattel de cambiar su cadena de suministro. Cuando Mattel no lo hizo, el equipo de redes sociales de Greenpeace prepar√≥ un video en el que Ken deja a Barbie. En el lugar, un denunciante sin nombre le muestra a Ken un video del h√°bitat del orangut√°n de motosierra Barbie. Ken grita: “¬°Se acab√≥! ¬°Esa puta perra! Despu√©s de recibir 500,000 correos electr√≥nicos, Mattel dej√≥ caer la APLICACI√ďN.

Otras campa√Īas exitosas se han dirigido a Nestl√©, por su uso del aceite de palma indonesio en KitKats, y Facebook, por su dependencia de las centrales el√©ctricas de carb√≥n. (La √ļltima campa√Īa fue coordinada en Facebook). El a√Īo pasado, Greenpeace se enfrent√≥ a Lego por su asociaci√≥n de $ 116 millones con Shell, el gigante petrolero que sue√Īa en el √Ārtico. Lego se resisti√≥ a una protesta inicial, en la que activistas de Greenpeace vestidos como figuras de Lego aparecieron en la tienda insignia de la compa√Ī√≠a en la ciudad de Nueva York. Pero en julio, un video que mostraba figuras de juguetes que se ahogaban en aceite se volvi√≥ viral. Seis millones de personas leen las palabras “Shell est√° envenenando la imaginaci√≥n de nuestros hijos”. Como resultado, Lego acord√≥ dejar de vender autos de carreras con la marca Shell.

Los ejecutivos de negocios con los que habl√© retrataron a Naidoo como un negociador astuto y pragm√°tico que preferir√≠a implementar el cambio detr√°s de escena que torcer un cuchillo p√ļblico. “No es un extremista”, dice Paul Polman, CEO de Unilever, que fue persuadido por Greenpeace para deshacerse de los hidrofluorocarbonos, un gas de efecto invernadero utilizado en refrigerantes. “No siempre es el camino o la autopista de Greenpeace. Ayuda con estas discusiones sacarle la emoci√≥n, y Kumi deber√≠a ser acreditado con eso ‚ÄĚ.

Para Paul Watson de Sea Shepherd, esto se llama vender. “Son un negocio ecol√≥gico multinacional”, le gusta decir. “Tienen un barco que se dedica a la recaudaci√≥n de fondos y ganan dinero con la preocupaci√≥n genuina de la gente”. Tambi√©n me dijo: “Kumi no es realmente un ambientalista. √Čl proven√≠a de un entorno de derechos humanos. Lo que s√≠ cambi√≥ desde que entr√≥ Kumi es que Greenpeace no est√° haciendo tantas campa√Īas “.


Greenpeace estar√≠a de acuerdo en que su enfoque es cada vez m√°s multinacional. El plan para el cambio a los pa√≠ses en desarrollo, el “nuevo modelo operativo”, como se lo llama internamente, fue planteado por primera vez por el predecesor de Naidoo, un cient√≠fico alem√°n llamado Gerd Leipold. Pero Naidoo, quien en el fondo es un organizador comunitario, lo ha convertido en una causa definitoria.

“No ganamos si no ganamos en los pa√≠ses con tama√Īos de poblaci√≥n significativos en el sur global”, dice Naidoo. “Incluso si todos los dem√°s dicen:” Haremos lo correcto “, si China, Brasil, los pa√≠ses africanos y la India optan por una econom√≠a intensiva en carbono, perderemos”.

Seg√ļn el sistema, cuya finalizaci√≥n est√° programada para fin de a√Īo, los 40 cap√≠tulos nacionales de Greenpeace unir√°n sus fondos. √Āreas como Asia, √Āfrica, Brasil y EE. UU. (Importante por su consumo de energ√≠a) recibir√°n la mayor parte del dinero, mientras que los grandes pa√≠ses de recaudaci√≥n de fondos como Alemania y los Pa√≠ses Bajos se sacrificar√°n. Casi 70 de los 250 empleos en Amsterdam se trasladar√°n al extranjero, un proceso que ya ha comenzado.

Las campa√Īas en el sur y el este del mundo toman muchas formas. Algunos se sienten bien, como el esfuerzo de 2010 para establecer proyectores alimentados por energ√≠a solar en las zonas rurales de Sud√°frica para que la gente pueda ver la Copa del Mundo. Algunos son pol√©micos: el a√Īo pasado, el gobierno indio congel√≥ los fondos de Greenpeace durante seis meses y arrest√≥ a dos de sus activistas en una acalorada batalla por una mina de carb√≥n propuesta. Algunos todav√≠a son confusos: en China, donde la desobediencia civil es tan bienvenida como las pegatinas de Free Tibet, Greenpeace se ha centrado en campa√Īas legales y arte de sensibilizaci√≥n: esculturas de hielo derriti√©ndose frente a un templo y un poderoso cortometraje sobre smog de un chino director. Algunos pueden ser peligrosos: en 2010, un campamento de Greenpeace fue incendiado en Indonesia, y alguien colg√≥ una efigie de Naidoo frente a la oficina de Yakarta en 2012.

Y algunos son bastante aburridos: en Camer√ļn, Greenpeace ha informado silenciosamente a las comunidades sobre una empresa agr√≠cola de Nueva York que quiere talar bosques para producir aceite de palma. La idea no es reclamar cr√©dito sino educar a los locales para que est√©n mejor preparados la pr√≥xima vez. “Kumi est√° alentando a las personas a mirar los problemas de manera m√°s sistem√°tica”, dice Annie Leonard, directora de los Estados Unidos. ‚ÄúEl medio ambiente est√° profundamente conectado con todos estos otros problemas: injusticia econ√≥mica, racismo, problemas con las econom√≠as neoliberales. Ese es un an√°lisis m√°s profundo que “Tienes que salvar los bosques”, y lo aprecio “.

Otro miembro del personal de los Estados Unidos lo expres√≥ de manera m√°s sucinta: “Est√° ayudando a los ecologistas privilegiados a sacar nuestras cabezas de nuestros traseros”.

HORIZONTAL | GREENPEACE | ECOLOGY | D CONTRA | ARMA NUCLEAR | MEDIO AMBIENTE | DEMOSTRADOR

A√ļn as√≠, el plan maestro ha creado fricci√≥n. El verano pasado, la prensa europea, que cubre de cerca a Greenpeace, estall√≥ cuando uno de los funcionarios financieros del grupo perdi√≥ cuatro millones de euros especulando en los mercados internacionales. Luego, el segundo al mando de Naidoo, Pascal Husting, fue expulsado por viajar regularmente a Amsterdam desde su casa en Luxemburgo en avi√≥n. Cuarenta y tres miembros de la oficina de los Pa√≠ses Bajos pidieron a Husting que renunciara. Naidoo se disculp√≥ y Husting mantuvo su trabajo, aunque ahora toma el tren.

“Esto fue muy sensible”, dice Sylvia Borren, directora de esa oficina. “No estoy seguro de que Kumi y Pascal hayan entendido los riesgos de reputaci√≥n en los Pa√≠ses Bajos por esto”. Borren es un firme defensor de los cambios de Naidoo. “Todav√≠a hay muchas personas que quieren que Greenpeace sea como era, David y Goliat”, me dijo. “Ya no estamos en ese espacio. No soy hippie Somos una organizaci√≥n importante y necesitamos ser m√°s profesionales “.


Despu√©s del truco de Nazca, algunos observadores alzaron las cejas ante la idea de que los l√≠deres de Greenpeace ignoraban el plan. “No cabe duda de que Kumi sab√≠a de antemano del truco”, escribi√≥ Paul Watson en Facebook. “Y si no lo hiciera, deber√≠a renunciar por la incompetencia de no saber que esta acci√≥n se llevar√≠a a cabo”.

Tambi√©n hab√≠a mucha ira dentro de la organizaci√≥n misma. El c√≥digo de Greenpeace estipula que los activistas se responsabilizan de su desobediencia civil, pero Nazca 20 huy√≥. Parec√≠a cobarde. “No hacemos eso”, dijo un miembro del personal de los Estados Unidos; otro me dijo: “Quiero saber a qui√©n se le debe pedir que se vaya”.

“Esta actividad viola completamente los valores de Greenpeace”, dijo Naidoo. La situaci√≥n puso en apuros a los l√≠deres de la organizaci√≥n: normalmente, Greenpeace se enorgullece de proteger a sus activistas pagando honorarios legales y atrayendo la atenci√≥n de los medios. Ahora estaban en la dif√≠cil situaci√≥n de condenar la acci√≥n p√ļblicamente, pero se negaron a nombrar a los responsables por temor a las repercusiones legales.

El fiasco de Nazca fue carne cruda para el gran segmento del p√ļblico que tiende a pensar en los ambientalistas en general, y en Greenpeace espec√≠ficamente, como estridentes o fuera de contacto.

En diciembre, Greenpeace lanz√≥ una investigaci√≥n interna. Naidoo me dijo entonces que parec√≠a que el truco hab√≠a sido organizado por una sola persona sin aprobaci√≥n institucional. Cuando testific√≥ en la audiencia preliminar en Nazca el 18 de diciembre, revel√≥ el nombre del organizador a las autoridades peruanas. “¬ŅQu√© haces como l√≠der?” me hab√≠a dicho entonces. ‚ÄúPor un lado, ten√≠a que hacer lo correcto en t√©rminos de responsabilidad. Por otro lado, tuve que tener en cuenta que muchos j√≥venes de buena fe confiaban en que alguien dirigiera el proceso ‚ÄĚ.

No me dijo el nombre de la persona, pero a juzgar por los primeros informes de prensa, no fue demasiado dif√≠cil sospechar de Sadik. Esto fue confirmado unas semanas despu√©s. In January, the First Court of Preliminary Investigation in Nazca issued an order of preventive detention‚ÄĒbasically an arrest warrant‚ÄĒfor Mauro Fern√°ndez, a 26-year-old Argentine who had served as spokesman on one of the videos of the stunt. Fern√°ndez, along with the AP and Reuters journalists Abd and Villarraga, were charged with attacking cultural heritage, which can carry a six-year prison term. On January 18, a visibly shaken Fern√°ndez, speaking from his home in Buenos Aires, told a Peruvian news station, ‚ÄúSadik is the one who evaluates the situation and designs the activity and makes the final decision.‚ÄĚ

Two days later, a lawyer for Greenpeace International delivered papers to prosecutors in Nazca. They contained voluntary statements from Fern√°ndez, Sadik, and two other Germans, all of whom described their roles in the action. Sadik‚ÄĒwho, through Greenpeace, declined to speak to Fuera de after the Nazca action‚ÄĒnamed himself as the organizer.

Naidoo rejected the idea that Greenpeace was making one person fall on his sword. ‚ÄúFrom what I‚Äôm being told,‚ÄĚ he said, ‚Äúthe activists didn‚Äôt know what site they were going to beforehand. So people acted without proper information, and the person holding the information didn‚Äôt share it. It seems fair that this person should hold responsibility.‚ÄĚ

What about the organization‚Äôs decentralized structure‚ÄĒdid Greenpeace‚Äôs guerrilla strategies open the door for errors in judgment? ‚ÄúIt‚Äôs not about changing the fundamentals of our approach,‚ÄĚ Naidoo said. ‚ÄúThis was an objective individual failure rather than an objective institutional failure.‚ÄĚ Still, he seemed optimistic that the activists might avoid prison time. He cited precedent: in 2013, followers of the Dakar Rally, an international off-road car race, inflicted significantly more damage to the Nazca Lines and avoided punishment. That same year, with government permission, a Red Bull BASE-jumping team landed near the lines in wingsuits.

When I spoke with Ana Maria Cogorno, director of the nonprofit Maria Reiche Association, which is dedicated to protecting the lines, she suggested that the government was using Greenpeace to divert attention from its own unwillingness to preserve the site. ‚ÄúThey have to blame somebody,‚ÄĚ she said. She‚Äôs no Greenpeace fan, but she hopes that the attention might finally lead to some protections. ‚ÄúGreenpeace has been such a help to me!‚ÄĚ

As of early February, no further charges had been filed. Greenpeace was wrapping up its internal investigation, Sadik was working in the Germany office, and the others were still on the payroll as well. An Argentine judge declined to detain Fern√°ndez but ordered him to stay in the country and remain near his home.

How badly the episode will damage the organization is another question. ‚ÄúThe way it‚Äôs been presented by Greenpeace is that it was a rogue event,‚ÄĚ Michael Dorsey, a member of the Sierra Club‚Äôs board of directors, told me. ‚ÄúThere are very few groups that have rogue events. And anyplace you have that, it gets shut down and people get fired.‚ÄĚ

Both Tercek, the Nature Conservancy CEO, and Sanjayan, of Conservation International, believe Greenpeace can weather this if it learns from its mistake. ‚ÄúI don‚Äôt think it will hurt them in fundraising,‚ÄĚ Sanjayan says. ‚ÄúPeople who support them understand them. It‚Äôs like, ‚ÄėYep. Par for the course. That‚Äôs Greenpeace.‚Äô But if Kumi wants to coalesce the organization around a few key points, this does derail that. He‚Äôd do well to more strongly articulate what they want, and to build around that, because otherwise the brand is going to get diluted. I mean, think about the word, the name Greenpeace‚ÄĒI‚Äôm not even sure what that means.‚ÄĚ

It means different things to different people in different places. In America its activists are seen as treehuggers. In Europe they‚Äôre keepers of a noble flame. In boardrooms they‚Äôre threats. In India they‚Äôre criminals. And in Naidoo‚Äôs mind they‚Äôre just getting started. ‚ÄúThe way I see it,‚ÄĚ he once told me, ‚Äúaddressing climate change is more important than all the injustices we‚Äôve fought over time put together. Colonialism, slavery, apartheid, the right to vote. This is about survival. So if it was OK for people like me to be prepared to go to prison and be prepared to get killed, then surely when the very future of the existence of the species of humanity is at risk, then I think we need to be willing to take much higher risks.‚ÄĚ

In December, Naidoo hinted to me that plans for more actions were in the works, things that might replace Nazca in the news cycle. But not everything fades. Look at an aerial image of the Nazca hummingbird now and you can clearly make out the giant C‚ÄĒa big, curving line in the sand. It will probably be around for a while.

Contributing editor Abe Streep (@abestreep) wrote about shark catcher Chris Fischer in February.