¬ŅQu√© mat√≥ a la dama oso?

Cuando Kay Grayson llamaba a sus osos, le gustaba cantar: “Est√° bien, est√° bien”.

Fue parte de un espectáculo que organizó para la gente. Seis pies de altura, con el pelo blanco y el cuerpo delgado y el movimiento elegante de una bailarina, ella entraría en un claro cerca de su remolque en el bosque de Carolina del Norte, tendiendo sus largos brazos y girando sus palmas hacia el cielo. Luego, con voz amorosa, ella cantaba.

Los visitantes escuchaban gru√Īidos y resoplidos y el susurro de las grandes criaturas que se mov√≠an a trav√©s de la maleza. Y luego, fuera del bosque, los osos negros se deslizar√≠an hacia ella. Ella los llam√≥ por su nombre. Munchka Susan Autopista 64. Betty Sue. David “Lev√°ntate”, les dec√≠a, y se paraban, y luego les daba de comer cacahuetes.

Kay y sus osos viv√≠an en medio de unos 5.000 acres de bosque pantanoso, espeso con turba de barro, sello de oro y pinos, en el condado de Tyrrell, en el noreste de Carolina del Norte. Ella llam√≥ a su tierra Bearsong, y los lugare√Īos la llamaron la Dama del Oso. Era un apodo de admiraci√≥n, burla u odio, dependiendo de qui√©n lo hablara. No importa el tono, Kay lo abraz√≥. “Soy mujer”, escribi√≥ una vez. “Un buscador de la verdad, la paz y el sentido del juego limpio, un amante de todas las cosas bellas, ya sean creadas por la naturaleza o la humanidad”.

Durante 28 a√Īos, vivi√≥ en remolques en un camino de tierra cerca del Alligator River Marina en Columbia, un peque√Īo pueblo de alrededor de 900. No ten√≠a agua corriente ni electricidad, y us√≥ un balde de cinco galones para ir al ba√Īo, incluso en su casa. a√Īos sesenta. Los √ļnicos signos de humanidad en millas en cualquier direcci√≥n eran las l√≠neas el√©ctricas y el camino peque√Īo y √°spero ocasional. “Es un lugar para los animales salvajes”, dice el sheriff del condado Darryl Liverman.

“Le dije todo el tiempo que si algo le suced√≠a y ten√≠an suficiente hambre, se la comer√≠an”, dice Shiron Pledger. “Ella dec√≠a:‚Äė Esos osos no me van a hacer da√Īo. Ellos me aman.’ “

A principios de enero de 2015, la amiga de Kay, Shiron Pledger, dejó una comida en la puerta de Kay. Cuando todavía estaba allí varios días después, Pledger denunció su desaparición. El 27 de enero, dos agentes del condado de Tyrrell entraron a los bosques de Bearsong con el coordinador de manejo de emergencias y un cuidador canino, que trajeron un perro para atrapar el olor de Kay.

Caminaron media milla por el camino embarrado y embarrado antes de encontrar un abrigo marr√≥n, un cuello de tortuga negro y, en el medio del camino, una bolsa de pl√°stico con pilas sin abrir, calcetines, cigarrillos y Tylenol. M√°s atr√°s en los √°rboles, a trav√©s de una zanja que casi se desborda por los aguaceros recientes, vieron m√°s ropa. Hicieron un puente con √°rboles ca√≠dos, treparon y encontraron un par de pantalones de esqu√≠ negros, una zapatilla y una camiseta gris sin mangas. Durante la siguiente hora, tambi√©n encontraron un peque√Īo trozo de carne con un pelo largo y blanco pegado y m√ļltiples huesos, todos ellos limpios.

Luego, en una loma formada por las raíces de un ciprés caído, encontraron un cráneo humano: sin piel, con el cerebro podrido. El olor los hizo vomitar.

Liverman le dijo a un periodista que los osos se hab√≠an comido a Kay, y la historia se volvi√≥ viral a trav√©s de Gawker, Fox News, Personas, la Correo diarioy docenas de otros puntos de venta. Las reacciones iban desde la simpat√≠a hasta la admiraci√≥n y el juicio hacia otro ser humano que hab√≠a intentado y no pudo convertirse en uno de los salvajes. “Deber√≠a haberlo sabido mejor”, escribi√≥ un lector en People.com. “Los osos son depredadores del √°pice y, aunque parezcan mansos, AREN’T”. A√ļn as√≠, la causa de la muerte de Kay sigue siendo un misterio tanto como su vida. La autopsia oficial se presenta como incompleta, el m√©dico forense se niega a comentar y abundan las teor√≠as locales sobre c√≥mo muri√≥ y c√≥mo vivi√≥. Aunque la gente del condado de Tyrrell es una de las poblaciones m√°s pobres y m√°s peque√Īas del estado, tienen una imaginaci√≥n grande y rica: hab√≠a sido una prostituta de alto nivel que trabajaba para la √©lite de Washington, D.C. O la reina de una operaci√≥n de drogas en Miami. Quiz√°s alguien la quer√≠a muerta. O tal vez ella fingi√≥ su muerte y huy√≥.

Liverman pens√≥ que podr√≠a encontrar algunas respuestas cuando rastreara a Susan Clippinger, la sobrina de Kay, en Kissimmee, Florida. Pero cuando lo hizo, Susan dijo que gran parte de lo que cre√≠a saber sobre Kay estaba mal. Por ejemplo, ella no ten√≠a 67 a√Īos, como dec√≠a el certificado de defunci√≥n. Ten√≠a 73 a√Īos. Su verdadero nombre no era Kay Grayson tampoco. Era Karen Gray.

Videos caseros de la dama oso

Esta breve selección de escenas ofrece un vistazo a la vida de Kay y sus osos.


Ella era hermosa cuando era joven. En las fotos que Susan tiene de Karen Gray en sus veintes y treinta, es glamorosa y atractiva, vestida con vestidos caros, joyas y pieles, el cabello siempre perfecto, incluso en la piscina.

Su infancia es turbia: sus padres están muertos y su hermano, el padre de Susan, no me hablaba. (No se llevaban bien). Nacida en una familia de clase media en Pittsburgh en 1941, pasó su adolescencia en Florida, donde dejó la clase y persiguió a los hombres.

Grayson en los a√Īos setenta.

Despu√©s de la secundaria, Karen vivi√≥ una vida itinerante, de ciudad en ciudad, de hombre a hombre. ‚ÄúSiempre me iba cuando terminaba la relaci√≥n. Parec√≠a curar el dolor m√°s r√°pido en un entorno nuevo “, escribi√≥ en una de las muchas cartas que le envi√≥ a Susan a lo largo de los a√Īos. (Era una prol√≠fica escritora de cartas y manten√≠a notas fren√©ticas sobre su vida en apuntes legales amarillos.) “Solo desear√≠a poder encontrar una IGUAL fuerte en un hombre”.

Pas√≥ los veinte a√Īos en Las Vegas, donde siempre dec√≠a que era una corista. Pero muchos creen que no era todo lo que ella era, algunos amigos piensan que ella era una prostituta de alto nivel. Independientemente de lo que hiciera, podr√≠a permitirse un nuevo Lincoln Continental, y las fotos de sus sesenta d√≠as en Las Vegas la muestran en los brazos de hombres mucho mayores y claramente ricos con quienes viaj√≥, a Miami, Tijuana, Acapulco. “Si ten√≠as dinero, a ella no le importaba quedarse. Es la forma en que quer√≠a vivir “, dice Susan. “Ella siempre dec√≠a:” Si quieres ver el mundo, ve a buscarlo “”.

En 1965, se cas√≥ con un hombre de negocios llamado Leo Busch en Nevada. Pero Susan dice que Karen odiaba el matrimonio: “Se despert√≥ un d√≠a unos seis meses despu√©s y dijo:” ¬ŅEsto es todo? Y luego se fue “.

En los a√Īos setenta, sali√≥ con un hombre llamado Gordon Griffith y lo ayud√≥ a dirigir Horseman‚Äôs Park, un rancho cerca de San Diego. A finales de la d√©cada, se mud√≥ a Fairfax, Virginia, cerca de Washington, y entren√≥ perros de ataque. Despu√©s de eso, durante la primera mitad de los a√Īos ochenta, vivi√≥ en el sur de Florida, vendiendo botes, organizando carreras de navegaci√≥n semiprofesionales y viviendo en un bote con un corredor de yates llamado Gary Causey. Incluso tuvo una breve e ilustre carrera de navegaci√≥n: en 1985, ingres√≥ en el ya desaparecido TransAt, una carrera de yates de m√°s de 800 millas desde Daytona Beach hasta Bermudas, y gan√≥ su clase, la primera capitana en hacerlo.

Grayson conoció a su primer oso mientras intentaba desarrollar un eco-resort cerca del río Alligator de Carolina del Norte.

Ese verano recibi√≥ una llamada de Albert Brick, un abogado de setenta y tantos a√Īos de DC Brick que pose√≠a 1.400 acres de tierra en el condado de Tyrrell, a lo largo de un tramo de la autopista 64 que entra y sale de Manteo, una ciudad acogedora en los Outer Banks, y √©l quer√≠a que Kay lo ayudara a venderlo o desarrollarlo. Cuando Kay la visit√≥ en febrero de 1986, encontr√≥ un enorme bosque de pinos y robles, espeso y crudo, bordeado por canales no contaminados que ayudaron a drenar el √°rea hacia el r√≠o Alligator. “Me impresion√≥ mucho su belleza natural y serenidad”, escribi√≥. “Inmediatamente prev√≠ un lugar para ser explorado”. Kay firm√≥ un contrato acordando desarrollar la tierra a cambio de un porcentaje de las ganancias.

M√°s tarde ese a√Īo, Kay dej√≥ Causey y se mud√≥ a una barcaza convertida en casa flotante atracada en el r√≠o Little Alligator, que corr√≠a a lo largo del borde norte de la tierra de Brick. Brick compr√≥ 800 acres m√°s, incluyendo Old South Shore Road, un antiguo camino fangoso de tala transitable solo por tracci√≥n en las cuatro ruedas hasta que Kay lo reconstruy√≥. Planearon ganar dinero mediante la tala y el desarrollo de un complejo deportivo ecol√≥gico a lo largo del r√≠o.

Kay conoció a su primer oso una noche poco después de su llegada. Ella llegó a casa y allí estaba él, sentado en su colchón, comiendo un dulce rollo. Ella chilló y corrió, y el oso hizo lo mismo, cojeando mientras él iba. Cuando ella volvió a entrar, encontró sus huellas de barro en el espejo.

El oso regres√≥ al d√≠a siguiente, luciendo hambriento. A la luz del d√≠a, Kay vio a una criatura herida que necesitaba ayuda, la piel estirada contra sus costillas, un agujero de bala en el muslo y una cadera dislocada, como si lo hubiera atropellado un autom√≥vil. “Est√° bien”, dijo. Ella lo aliment√≥ ese primer d√≠a, lo aliment√≥ nuevamente cuando √©l regres√≥, y luego sigui√≥ aliment√°ndolo todos los d√≠as despu√©s de eso.

Finalmente, lo llam√≥: Autopista 64. Con el tiempo su herida se cur√≥, aunque su cadera nunca lo hizo, el oso coje√≥ por el resto de sus d√≠as. Ella nunca limpiaba sus huellas de su espejo. “Consigue un oso, nunca m√°s querr√°s un perro”, dijo a sus amigos.

Pronto ese primer oso se convirti√≥ en dos, luego en cuatro, y luego en media docena. √Āngel. Travis Oxidado. Judson

Harry Scary e Irish, dos de los osos de Grayson.

Fue entonces cuando Kay comenz√≥ a llamar a la tierra Bearsong. Ella frecuentaba la biblioteca del condado de Dare en Manteo para aprender c√≥mo viv√≠an y c√≥mo vivir con ellos. Eran osos negros, que iban desde un par de cientos de libras hasta 500 o m√°s. Aunque las poblaciones eran peligrosamente bajas a mediados de 1900, a mediados de los noventa se hab√≠an recuperado, en parte debido a las pol√≠ticas de gesti√≥n exitosas y la protecci√≥n del h√°bitat: aproximadamente 10,000 osos deambulaban 20,000 millas cuadradas a lo largo de la costa de Carolina del Norte. Kay convenci√≥ a los due√Īos de las tiendas locales para que le dieran productos de un d√≠a (o los recuper√≥ de los basureros), llenando su cami√≥n hasta que no pudo llevar m√°s, alimentando a los osos con pan, pasteles y panecillos adem√°s de man√≠ y comida para perros.

Todos, amigos, el sheriff, oficiales de vida silvestre, le dijeron que se detuviera. Shiron Pledger, una de las amigas m√°s cercanas de Kay, dice: “Le dije todo el tiempo que si algo le suced√≠a y ten√≠an suficiente hambre, se la comer√≠an”. Ella dec√≠a: “Esos osos no me har√°n da√Īo. Ellos me aman.’ “

En los videos caseros de Kay de la √©poca, los osos parecen amarla, interactuando como cachorros de 500 libras. Intentan subirse a su remolque, hasta que ella los reprende, “¬°Atr√°s!”, Y agachan la cabeza, se doblan las orejas y se escabullen. En una escena, ella llama a la autopista 64 y levanta su mano, y √©l pasa de cuatro patas a sus patas traseras, elev√°ndose sobre ella en obediencia. En otro, ella le entrega una tarta de manzana, que √©l olfatea y arroja a un lado, gru√Īendo por la masa en la otra mano. “¬°Dif√≠cil!” ella dice.

Grayson ayud√≥ a administrar un rancho en California en los a√Īos setenta. Seg√ļn su sobrina,

Con voz dulce, Kay detalla las vidas y linajes de varios osos. “Esta es Legs Two”, dice sobre un oso olfateando su c√°mara, su gran hocico justo en la lente. ‚ÄúPadre de los cachorros. √Čl est√° una generaci√≥n detr√°s de la autopista 64 y Munchka, ense√Īado por ellos. Vamos a ver a los cachorros “. Ella muestra algunos cachorros relaj√°ndose en los √°rboles como monos. Ella corta a la madre, que se sienta justo a su lado. “Cuervo”, dice Kay. “Rayyy-ven. ” Raven est√° tranquilo como puede ser. ‚ÄúSer√≠a media hermana de Munchka. La misma madre, el padre diferente.

Cuando las barandas subieron por la carretera, los osos lucharon por cruzar, as√≠ que Kay les ense√Ī√≥ a saltar. Cuando los osos sufrieron heridas por la lucha o la lucha, o por las balas o flechas de los cazadores, Kay les dio la penicilina que recibi√≥ de un veterinario en la ciudad. Algunas noches, Kay incluso los deja dormir con ella. La Se√Īora del Oso, Madre de los Osos.

A principios de los noventa, Kay cuidaba aproximadamente 20 osos. En su presencia parec√≠an felices. Pero el peligro siempre estuvo presente. Un d√≠a, en una caminata con un oso que Kay llamaba Mykee, escuch√≥ disparos, como sol√≠a hacer. Mykee tambi√©n lo escuch√≥. “La mirada en sus ojos me pregunt√≥ si las armas que escuchamos en la tierra y en las cercan√≠as nos disparaban a √©l o a m√≠”, escribi√≥. “Le dije:” Nos est√°n disparando a los dos, pero vamos a cambiar eso “.


Los osos en el condado de Tyrrell pueden ser cazados durante una semana a mediados de noviembre y dos semanas a mediados de diciembre. “Es una gran √©poca del a√Īo. Cazadores de osos en todas partes ‚ÄĚ, dice el sargento Mark Cagle de la Comisi√≥n de Recursos de Vida Silvestre de Carolina del Norte. “Y es un gran golpe para la econom√≠a”. Los cazadores necesitan una licencia de caza (los residentes pagan $ 20, otros $ 80), un permiso de caza mayor ($ 13 u $ 80) y un permiso de oso ($ 225 para los no residentes). “Todos los restaurantes y hoteles est√°n llenos”, dice Cagle. “Las personas con remolques de un solo ancho los alquilan a los cazadores de osos por una gran semana”.

En 2014, un total de 1,867 osos fueron asesinados en un √°rea de 37 condados con una poblaci√≥n de aproximadamente 12,500. Cada cazador tiene permitido un solo oso por temporada. Pero un grupo de hombres, a quienes Kay llam√≥ el grupo de matanzas de osos, mataron a muchos m√°s; algunos de ellos fueron luego acusados ‚Äč‚Äč(aunque nunca condenados) por cazar fuera de temporada y en santuarios fuera de los l√≠mites, luego de una investigaci√≥n de 2007. El BKB fue dirigido por un hombre al que llamar√© Crockett, cuyas acciones en esta historia se obtuvieron de registros disponibles p√ļblicamente. Una vez pas√≥ 14 meses en prisi√≥n despu√©s de dispararle a un hombre justo en frente de un diputado. Ahora en sus cincuenta a√Īos, mide seis pies y uno y 290 libras, con hombros gruesos, una cara desali√Īada y grandes patas para las manos. Crockett es una especie de leyenda de la caza de osos en Tyrrell Country. “Era adicto a la caza de osos”, dice Cagle, quien tiene una foto de Crockett empujando a un oso enjaulado con un palo. Cagle dijo que Crockett amaba cada parte de la caza: la camarader√≠a, el rastreo y el asesinato. Incluso descubri√≥ una forma de ganar dinero vendiendo perros cazadores de osos, que pueden costar varios miles de d√≥lares cuando est√°n completamente entrenados.

Kay comenz√≥ a pensar que los osos acudieron a ella para alejarse de Crockett, lo que lo convirti√≥ en su enemigo natural. Los cazadores corr√≠an a sus perros casi constantemente, interrumpiendo los patrones de alimentaci√≥n y sue√Īo de los osos. Kay descubri√≥ que los hombres incluso usaban Old South Shore Road, el camino forestal de Brick, para entrar y salir de los miles de acres de bosque inaccesible que la rodeaban.

Se convenció de las grandes conspiraciones entre los cazadores y las fuerzas del orden, todos ellos para ganar dinero con sus osos.

A pesar de que ella public√≥ carteles de NO CAZA y PROPIEDAD PRIVADA en todo su territorio, el BKB sigui√≥ conduciendo sus camiones por la carretera, generalmente con perros y, seg√ļn los investigadores, con barriles de mantequilla de man√≠, chicle y dulces de menta triturados de 55 galones. ‚ÄĒCebo de oso ilegal.

Cuando vio a cualquiera de los cazadores furtivos, corrió hacia el Alligator River Marina y llamó al sheriff y a los oficiales de vida silvestre. Pero para cuando llegaron, y a menudo no lo hicieron, los hombres ya se habrían ido.

Los oficiales de vida silvestre escribieron boletos de Crockett, pero muchas de sus actividades no fueron controladas. Kay consult√≥ a un abogado local, pero √©l no hizo nada m√°s que decir que ella deber√≠a prepararse para defenderse. “Not√© el miedo en su voz y ojos y compr√© un arma”, escribi√≥ Kay m√°s tarde. “Al vivir sola en la tierra, ahora me di cuenta de que mi vida podr√≠a estar en grave peligro”.

Albert Brick desestim√≥ sus preocupaciones sobre el BKB. “Supongo que tendr√°s que vivir con eso”, le escribi√≥. Dijo lo mismo cuando un per√≠odo h√ļmedo hist√≥rico de 1988 a 1989, que incluy√≥ el hurac√°n Hugo, dej√≥ la tierra y la carretera tan destrozadas que los contratistas de Kay se negaron a seguir talando. Eso tampoco fue todo lo que paraliz√≥ los planes de desarrollo. Brick constantemente dudaba entre desarrollar, talar y vender la tierra, y torpede√≥ acuerdos de inversi√≥n pidiendo sumas extra√Īas de dinero, hasta $ 50,000 por acre. (Un inversionista le dijo a Kay que la tierra val√≠a $ 300 por acre). En abril de 1991, termin√≥ su contrato con Kay, dej√°ndola sin casi nada. Ella lo demand√≥ por $ 2 millones y 18 acres que rodean su casa en Old South Shore Road. La demanda se prolong√≥ durante m√°s de dos a√Īos. Incluso despu√©s de la muerte de Brick, en junio de 1993, su patrimonio continu√≥ hasta septiembre de 1994, cuando la corte le otorg√≥ a Kay $ 20,000 y 937 acres, incluyendo Old South Shore Road. Pero el acuerdo no hizo nada para detener a Crockett y al BKB.

Con poca ayuda de la polic√≠a, Kay decidi√≥ poner al p√ļblico de su lado. Produjo un bolet√≠n y vendi√≥ videos caseros a los fan√°ticos. Las pel√≠culas muestran a los osos rodando por el suelo y luchando entre ellos, los cachorros trepan a los √°rboles flacos hasta que se doblan al suelo. “Aqu√≠ afuera, apenas llevan dos o tres a√Īos, parece”, dice ella. “Tal vez es hora de que empecemos a matar a los asesinos. S√≥lo bromeo. Por supuesto.”

Kay entretuvo a periodistas de prensa y televisión, a pesar de que odiaba estar frente a la cámara. A finales de los noventa, ya no tenía dientes, pero se negó a usar prótesis, me dijo una amiga, porque escuchó que los osos interpretan la exhibición de los dientes como un signo de agresión.

Los fanáticos enviaron montones de cartas y donaciones: la mayor parte del dinero se usó para comprar comida para los osos. A pesar del torrente de compasión, los cazadores continuaron la caza furtiva en el área. Kay cerró la puerta de Old South Shore Road; la BKB le cortó las cerraduras y las cadenas. Ella arrastró árboles talados en su camino; La llevaron a la corte. En 2003, un juez local dictaminó que Kay y los cazadores tenían que compartir Old South Shore Road, que había sido comprado por dos de los amigos de Crockett, John Jackson y John Reeves, después de que la propiedad de Brick no transfiriera el título a esa sección de tierra a Kay También hizo que los cazadores le dieran la llave de su cerradura. Sin embargo, tan pronto como lo consiguió, reemplazó la cerradura con una de las suyas. El juez la condenó a 30 días de cárcel por desacato al tribunal.

‚ÄúCreen que me atraparon‚ÄĚ, le dijo Kay a Susan, ‚Äúpero recib√≠ tres comidas al d√≠a durante un mes. Eso no es nada.”

Una vez que Kay hab√≠a cumplido su condena en la c√°rcel, fue a la Marina Alligator River, donde colgaban nuevas im√°genes en la pared: im√°genes de hombres y mujeres sonrientes posando con osos muertos. Los osos de Kay. Los cazadores sab√≠an que la mayor√≠a de las ma√Īanas ven√≠an del bosque a un lado de la carretera para llegar a la tierra de Kay, y estaban a la espera. Entre las fotos, reconoci√≥ a un oso que no hab√≠a visto en mucho tiempo: la autopista 64. El cazador que apret√≥ el gatillo, un oficial de vida salvaje, lo hab√≠a conocido por su cojera.

Kay gritó y se enfureció hasta que llegaron los agentes y se la llevaron.


Después de la cárcel y la muerte de la mayoría de sus osos, el agarre de la realidad de Kay comenzó a deslizarse. Hizo viajes diarios a Manteo para conseguir suministros en Piggly Wiggly y conversar con su amiga Maureen Daigle, una cajera allí. Lavaba ropa en la lavandería vecina y comía comida china o metro.

Todav√≠a ten√≠a una peque√Īa pandilla de osos, pero se convenci√≥ de las grandes conspiraciones entre cazadores, abogados y agentes de la ley, todas las partes que ella cre√≠a que iban a ganar dinero con los animales. Helic√≥pteros ambientalistas ven√≠an a da√Īarlos. Breves cierres del puente del r√≠o Alligator fueron parte de un elaborado complot contra ella. Sus condiciones de vida se deterioraron. En el bosque, acumul√≥ cuatro remolques, comprando nuevos cuando los viejos se volvieron demasiado decr√©pitos o colapsaron debajo de un √°rbol ca√≠do. Y recort√≥ art√≠culos sobre personas que hacen cosas terribles a los animales y la naturaleza, atesorando los horrores del mundo en cajas de leche.

Ella comenz√≥ a blandir un machete, y cualquiera que usara el camino sin permiso, incluso amigos, se enfrent√≥ a su ira. Diputados y oficiales de vida silvestre tuvieron que escoltar al BKB al bosque, a veces para cazar legalmente, a veces para acceder a la tierra p√ļblica m√°s all√° de la propiedad de Kay. Tom√≥ fotos borrosas de ellos en c√°maras desechables y anot√≥ sus interacciones. En 2005, demand√≥ a Jackson y Reeves por $ 7 millones, sin un abogado. “Pro Se Defendo“, Escribi√≥ en una carta. ¬°Defi√©ndete! La demanda no fue a ninguna parte.

Cuando necesitaba dinero, vendía partes de su tierra, aunque tenía requisitos estrictos: solo casas ecológicas, sin caza, sin perros.

Kay llamaba constantemente al oficial de vida salvaje Mark Cagle, quien comenz√≥ a supervisar varios condados, incluido Tyrrell, despu√©s de ser ascendido a sargento en 2006. Cagle era diferente de sus predecesores. √Čl simpatizaba con Kay. √Čl tambi√©n planeaba ir al bosque cuando se retirara, aunque con su esposa y las tuber√≠as de interior. Cada vez que ve√≠a su nombre en el identificador de llamadas, pensaba: es Kay, mejor salga a la carretera. Incluso si no esperaba encontrar nada, Cagle se fue. “Solo para hacerla sentir bien”, dice. ‚ÄúElla podr√≠a ser una fan√°tica y un poco sobreprotectora, y todos pensaban que estaba loca. Pero ella era una persona, como t√ļ y yo. Para m√≠, ella siempre fue amable, amigable, f√°cil de tratar “.

Mark Cagle

Cagle tambi√©n estaba harto de la caza furtiva. Hab√≠a o√≠do hablar de Crockett desde finales de los noventa, cuando Cagle trabajaba a unos cuantos condados de distancia. Entonces, en la primavera de 2007, Cagle reuni√≥ a un equipo de oficiales locales. A medida que avanzaba su investigaci√≥n, trajo a la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, ya que era ilegal que Crockett, un delincuente, usara armas. Cagle se despert√≥ a las 3 a.m. durante un mes para entrar y salir del bosque para vigilar los sitios de cebo de Crockett. Encontr√≥ docenas de esqueletos de oso. Seg√ļn Cagle, muchos de ellos estaban en la secci√≥n del condado justo al norte de la tierra de Kay.

Cuatrocientas horas de tiempo extra más tarde, Cagle arrestó a Crockett y lo acusó de al menos 50 violaciones de caza, que incluyen matar osos fuera de temporada, cebar osos y matar osos por cebo. Algunos de los BKB incluso dieron pruebas contra él.

Pero esos fueron delitos menores, que rara vez reciben un juicio significativo, por lo que los fiscales ignoraron los cargos de caza y se centraron en los cargos por delitos graves. Crockett fue condenado en 2008. Pas√≥ seis a√Īos y medio en una prisi√≥n federal. Jackson y Reeves vendieron sus tierras a un grupo ambientalista (Kay “no val√≠a la pena,” me dijo Jackson), y esa fue la √ļltima pelea de Kay con los cazadores.

Despu√©s de d√©cadas de tales batallas, Kay luch√≥ para aceptar la paz. Casi fue arrestada nuevamente despu√©s de sacarle un machete y una pistola a un ambientalista que intentaba explorar p√°jaros carpinteros. Se volv√≠a cada vez m√°s vol√°til con sus amigos, apareciendo sin invitaci√≥n en sus salas de estar en las noches fr√≠as. Ella exigi√≥ dinero. Una vez, mientras estaba sentada en el auto de su amiga Tracy en la puerta de Bearsong, el perro de Tracy no dejaba de ladrar, y Kay dijo: “C√°llate o le cortar√© la garganta”.

Cierto o no, esa es una buena manera de pensar en el final de Kay, sus osos transportando su cuerpo hacia la naturaleza. Después de media vida de conflictos, merecía un poco de paz.

Luego estaba Susan. Durante a√Īos le hab√≠a enviado dinero a Kay, varios miles de d√≥lares en total. Kay devolvi√≥ parte, pero con la misma frecuencia pidi√≥ m√°s. Durante la recesi√≥n en 2009, Susan dijo que no y Kay estall√≥. Apenas hablaron despu√©s de eso.

Los √ļltimos a√Īos de Kay fueron dolorosos. Ella siempre hab√≠a sido delgada, pero se puso enferma y delgada. Se quem√≥ el pie mientras herv√≠a agua y se neg√≥ a ver a un m√©dico, lo que provoc√≥ una cojera persistente, como la autopista 64.

Se sentaba en una silla de pl√°stico al lado de su puerta, observando el tr√°fico, asegur√°ndose de que nadie pensara en usar su camino. Los amigos se detuvieron para charlar, y los osos de Kay salieron a saludar. “¬°Vuelve all√≠!” ella soltar√≠a, enviando a los osos a escondidas de regreso al bosque. Con su piel p√°lida y cabello blanco, y a menudo con un camis√≥n blanco, comenz√≥ a parecer un fantasma.

Shiron Pledger instó a Kay a solicitar asistencia del gobierno, diciendo que calificaría para cupones de alimentos y probablemente vivienda.

“Est√°s loco por quedarte all√≠”, le dijo Pledger.

“Lo he estado haciendo toda mi vida. Puedo seguir haci√©ndolo ‚ÄĚ, dijo.

Pledger me dijo: “Ella dir√≠a que Dios le dijo que eso era lo que deb√≠a hacer. Despu√©s de todos los bailes, todas las fiestas, todos los … bueno, ya sabes, ese tipo de estilo de vida. Ella dijo que Dios quer√≠a que ella cuidara a los osos “.

Pledger invit√≥ a Kay a la casa de su familia para la cena de Acci√≥n de Gracias todos los a√Īos, pero Kay siempre dijo que no, que prefer√≠a pasar sus vacaciones con los osos. Aun as√≠, Pledger ocasionalmente cocinaba comidas frescas y las dejaba en bolsas de pl√°stico en la puerta de Old South Shore Road. “Sent√≠ que necesitaba un amigo”, dice ella. “Si estuviera en la misma situaci√≥n, me gustar√≠a que alguien se hiciera amigo m√≠o”. Pledger dej√≥ las comidas de camino a la ciudad para ir a trabajar, y Kay siempre las recog√≠a cuando Pledger volv√≠a a casa. Hasta que, en enero de 2015, no lo hizo.


Los investigadores pasaron tres días en los bosques de Bearsong, empacando los huesos y fragmentos de Kay en bolsas de plástico. Mientras recogían sus restos, encontraron un excremento de oso que contenía fragmentos de hueso humano, junto con un esqueleto suficiente para que el médico forense pudiera reconstruir a una mujer de seis pies de altura sin dientes.

Tambi√©n examinaron las casas m√≥viles deterioradas de Kay. Su trailer principal, ubicado en un claro de Old South Shore Road, fue destruido. Los osos hab√≠an atravesado la puerta y ara√Īado los armarios y las paredes. Las huellas de las patas mancharon el espejo y las ventanas.

Algunos de los da√Īos seguramente ocurrieron despu√©s de su muerte, pero los investigadores no estaban seguros de cu√°nto, el lugar parec√≠a apenas habitable. Hab√≠a agujeros en los pisos cubiertos por tablas sueltas. En una habitaci√≥n, hab√≠a tantos papeles, fotograf√≠as y cintas de video apiladas en cajas de leche y montones sueltos que los investigadores no pod√≠an ver el piso.

Pero c√≥mo muri√≥ Kay nunca qued√≥ claro. Bajo causa de muerte, su certificado de defunci√≥n simplemente dice: “No se puede identificar”.

A pesar de las teor√≠as en contrario, los investigadores descartaron la idea de que los osos de Kay la mataron. El m√©dico forense no encontr√≥ ning√ļn trauma en sus huesos que indicara un ataque. Hab√≠a varias bolsas de comida para perros en sus remolques, lo que sugiere que los osos estaban siendo alimentados en el momento de la muerte de Kay. El coordinador de emergencias del condado Wesley Hopkins me dijo que si los osos hambrientos la hubieran atacado, habr√≠a encontrado un gran charco de sangre.

Algunos de sus amigos piensan que podr√≠a haber sido asesinada, ya que la polic√≠a nunca encontr√≥ su tel√©fono celular, efectivo o armas. A√ļn as√≠, el sheriff dijo que no hab√≠a signos de juego sucio.

El trailer de Grayson.

La teoría predominante de los investigadores es que Kay murió de una afección médica. El invierno fue duro. Kay había pasado días en su remolque acurrucada bajo montones de mantas, algunos incluso dicen que con un oso mayor llamado Betty Sue. Su piel se estaba volviendo gris, lo que podría sugerir enfisema, neumonía o un ataque cardíaco pendiente. El hecho de que su ropa exterior fuera encontrada sin torcer también podría sugerir hipotermia, lo que a veces hace que las víctimas sientan que se están quemando.

Hopkins me dijo que Kay probablemente colapsó mientras caminaba de regreso a su casa. Dijo que incluso es posible que los osos la llevaran al bosque, pensando que la estaban protegiendo.

Cierto o no, esa es una buena manera de pensar en el final de Kay, sus osos transportando su cuerpo hacia la naturaleza. Después de media vida de conflictos, merecía un poco de paz.

Hay alguna evidencia de que ella pudo haberlo encontrado en sus √ļltimos d√≠as. Aunque todav√≠a atesoraba copias de art√≠culos, ya no se trataba de osos o personas que lastimaban al mundo. Algunos trataban de personas como Mark Cagle, personas que hacen el bien.

Ese √ļltimo a√Īo, para sorpresa de Pledger, Kay fue al D√≠a de Acci√≥n de Gracias. Cuando Pledger la vio por √ļltima vez en enero, unos d√≠as antes de su desaparici√≥n, Kay todav√≠a estaba hablando de eso. “Uno de los mejores momentos que he tenido en toda mi vida”, dijo.

Kay continu√≥ haciendo llamadas ocasionales a Cagle por preocupaci√≥n por sus osos, pero su √ļltimo era diferente. Lleg√≥ a fines de diciembre, justo despu√©s de la temporada de osos, un par de semanas antes de su muerte. Como siempre, Cagle vio qui√©n estaba llamando y se prepar√≥ para el camino.

Pero no, esta vez Kay solo quería decir gracias. Las cosas salvajes estaban teniendo un invierno reparador.

“Estamos bien”, dijo. “Estamos bien.”

Brandon Sneed (@brandonsneed) es el autor de Cabeza en el juego, que ser√° publicado por Dey Street a principios del pr√≥ximo a√Īo. Esta es su primera historia para Fuera de.